Jueves 22.10.2020 - 06:23

La presencia de poetas durante el año 2019

Resumen de noticias en los embates del Covid-19
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Leí mucho en el transcurso del año pasado. Leí obsesivamente, que es la única manera de hacerlo. Devoré ensayos incitativos, novelas sorprendentes, cuentos insólitos, crónicas desmedidas, memorias encumbradas y, sobre todo, poesía. Subrayé  pasajes. Coloqué signos de interrogación y de admiración al margen. Indagué. Declamé calladamente en la noche, trozos enteros de folios que me acompañaron en los insomnios. Confieso que la leída me regaló momentos de zozobra y también de goce: fui infeliz y dichoso. Leí.

La poesía: dádiva de Dios: ofrenda del Demontre. El señor escribe salmos: el diablo los lee a la intemperie. / Volví a Roberto Juarroz: entré a sus versos verticales para deambular por especulaciones y asentir que “No venimos de la luz. / Si viniéramos de la luz alumbraríamos la sombra. / O mejor: no habría sombra.” / Nuevamente  en los cobijos de Raúl Zurita y “Oí un cielo y un mar alucinantes, oí soles estallados de amor cayendo como frutos, oí  torbellinos de peces devorando las carnes rosa de sorprendentes carnadas.” / Me detuve en el apeadero de la nostalgia con Odette Alonso y Últimos días de un país: reconocí “ese dolor / la brisa de la tarde en los pilares / la lluvia torrencial / todos los miedos.”

Y llegó Alegría: poema disimulado como novela que el español de Barbastro, Manuel Vilas, me regaló a finales de diciembre para decirme solamente una cosa, la breve sentencia que redunda por todas las páginas de su turbador cuaderno: “La vida es tan grande como cruel y dura.” / Gastón Baquero me mira con sus ojos asombrados: párpados de guerrero deseoso con la congoja que sólo el dolor de la memoria acopia. “Hay días en que el sol siente deseos / de imitar a Dios”.  Siempre vuelvo a las brozas de Baquero para que “el fuego, el fuego santificador, el fuego que perpetúa  la belleza” me abrigue.

Yves Bonnefoy: La larga cadena del ancla / La hora presente: “Aquí yace un dios que no habrá comprendido / mejor que nosotros. Que no habrá amado / como puede hacerlo un niño. Que era torpe, / que fue violento, falto de las palabras que clarifican.”: Bonnefoy, el exilio luminoso en la cordialidad del lenguaje.

Lo innumerable, de Jorge Fernández Granados: “porque la lluvia escribe /al caer /algo que no puede traducirse / porque la lluvia entiende de alguna manera / al último animal que nos habita” * El cristal en la playa, de David Huerta: “El viento entró en el cristal con una cesura veraniega / y destazó las diminutas comisuras de la carne más clara.” * Poesía reunida, de Coral Bracho: “En esta tierra de larguísimas sombras, / el rostro de lo que vive / dura sólo un instante” * Dicen las jacarandas, de Alberto Ruy Sánchez: “Las jacarandas se tocan / cuando el viento las conmueve, / como diciéndose cosas, / como calmando impaciencias.” * Movimientos insomnes, de Clara Janés: “Todo es de polvo, soledad y ausencia. / Todo es de niebla, oscuridad y miedo. / Todo es de aire, balanceo inútil, sobre la tierra”. La poesía esa “selva oscura o luminosa, a veces tan deslumbrante que ciega”: Janés. Desnudé la presencia en mis andares por esas mareas en que el verbo se zarandea en un brinco desde lo entrañable para adueñarse de la irradiación. Leí poesía: tenté lo esencial.

https://www.youtube.com/watch?v=RvNjfucfqh4

Movimientos insomnes

Autor: Clara Janés

Género: Poesía

Editorial: Galaxia Gutenberg