Mientras la pandemia crece…

Fase 2
Por:
  • Carlos Urdiales

La mayoría de Morena en la Cámara de Diputados pavimenta el camino legislativo para una de dos, o dar al Presidente facultades extraordinarias en materia de presupuesto y responsabilidad hacendaria, o normar lo que con el presupuesto pasaba siempre y ahora pretende regular.

Los representantes populares instalan hoy la Comisión Permanente que de inmediato convocará a sesión extraordinaria el martes 5 de mayo y reformar la ley que regula al Poder Ejecutivo al momento de ejercer lo aprobado en el Presupuesto de Egresos de la Federación.

El nuevo presidente de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública, el morenista Erasmo González, prometió revisar el punto que define qué es una emergencia para, en su caso, modificar la iniciativa presidencial. Desde la oposición alertan la cancelación de la separación de poderes si se permite al Ejecutivo suplir facultades del Congreso. La otra versión dice que así será más transparente ese manejo financiero.

Como sea, la iniciativa en la Cámara de origen está asegurada, la fracción de Mario Delgado hará cambios cosméticos, pero el espíritu de la modificación quedará intacto. Una vez que los Diputados aprueben esta reforma, los senadores deberán hacer lo suyo.

Lo que se ha cuestionado es la imposición, el mayoriteo y la falta de debate. Vamos por partes. En la emergencia el espacio para el análisis es baja colateral; urge y no hay tiempo para ejercer ese parlamento abierto que tanto gusta a Morena y los suyos. Ahora el tiempo apremia.

Respecto a la aplanadora levanta-dedos la respuesta es nítida; también para eso sirve ser mayoría. Y con mayor razón si existe mínima sospecha de perder esa condición en 2021. Que nadie pues, se llame a espanto. No les queda a panistas lamentar teatralmente una circunstancia que en su momento tuvieron y usaron igual que los priistas.

También gobernadores de oposición se manifestaron contra la reforma. Los panistas avisan que utilizarán todos los caminos políticos y legales para impedir la modificación. Convocan a diálogos y urgen a los alcaldes de todo el país a hacer frente común.

Más allá del escándalo en la arena político-partidista, la amenaza fantasma en este nuevo embate de la 4T por hacerse de mayor control inmediato del presupuesto —y político, no olvidar la conseja popular; “quien paga manda”— estriba en la calidad de la gestión pública federal, no hablamos de honestidad, sino de pericia.

En los hechos, durante los 17 meses de Gobierno 4T el gran pecado no ha sido la austeridad, como norma que rije el quehacer público del Gobierno, pero su inteligencia y técnica suscita cuestionamientos severos. Austericidios le hemos llamado a los recortes presupuestales que redundan, con suerte en ahorros, pero que al tiempo se transforman en desabastos y similares por falta de planeación y visión.

Así, las sirenas deben sonar para alertar no sobre el mayoriteo de la mayoría, sino por la eficiencia para manejar el erario, asunto que, a mayor alcance, demanda además de probidad, capacidad.