El futuro de los jueces

ANTINOMIAS

Antonio Fernández
Antonio Fernández
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
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El origen de los jueces se remonta al pueblo de Israel, cuando Josué, designado por Dios como sucesor de Moisés, realiza la conquista de la tierra prometida, llamada Canaán, con la ayuda de los jueces, quienes eran guerreros designados por Dios, para conquistar el territorio de Israel.

El concepto de juez se desarrolló en el imperio egipcio, pero fue hasta el imperio romano que cobró importancia, con el llamado pretor urbano, quien era el que administraba justicia entre los ciudadanos, y el pretor peregrino quien administraba justicia entre los ciudadanos y los extranjeros.

Actualmente, el concepto de juez o jueza se refiere a la persona que resuelve una controversia entre dos contrincantes, debe tomar en cuenta los argumentos de las partes, los hechos, las pruebas y consideraciones dentro de un proceso judicial, hasta llegar al momento procesal de dictar una sentencia que ponga fin al asunto. Normalmente, los jueces son remunerados por el Estado, y son parte del aparato judicial dentro de un país.

En México, los jueces han sido personajes importantes en la impartición de justicia, también han sido cuestionados a lo largo de la historia, y desde luego, en un país, como el nuestro, que por más de setenta años ocupó la Presidencia de la República el representante de un mismo partido político, con un poder absoluto, provocó que se corrompiera el sistema de impartición de justicia, con el tráfico de influencias, corrupción y la lentitud con que se imparte la justicia.

Tenemos muestras de absurdos en la impartición de justicia, como el hecho de que una persona puede permanecer diecisiete o veinte años en prisión sin que se dicte una sentencia, e incluso, en algunas ocasiones, después de tantos años de encontrarse en prisión han sido declarados inocentes; sólo en una novela de Kafka puede suceder algo así.

La reforma al Poder Judicial es un hecho que parece irreversible, por lo tanto, debemos de esperar que se realice con la prudencia necesaria por su trascendencia; parece ser que por eso mismo el nombramiento de los nuevos jueces será escalonado, y su selección se deberá de pasar por varios filtros para que lleguen los mejores perfiles, y, una vez seleccionados, se pueda proceder a la votación, y que el ganador sea una persona con las cartas credenciales para ser elegida juez o jueza.

La cuestión que muchos plantean consiste en cuál será el futuro de las personas que hoy son jueces, que seguramente se quedarán sin trabajo; desde luego que es un problema importante, sobre todo para alguien que ha pasado la mayor parte de su vida profesional en un sistema que les garantizaba una jubilación, y un retiro digno, con prestaciones, como la del seguro médico; a su vez, también, tendrán un problema los que hoy son secretarios de acuerdos o actuarios y que se encuentran haciendo una carrera judicial, que se les puede truncar.

La separación de los jueces de sus cargos es algo parecido a lo que sucedió en el 2018 con la baja de sueldos de los altos cargos en la administración pública, y que por ello renunciaron; pero que con sus conocimientos y experiencia en poco tiempo encontraron acomodo en la Iniciativa Privada. Las personas que dejarán de ser jueces o juezas seguramente tendrán ofertas para ingresar a los jurídicos de empresas privadas o despachos jurídicos, quienes aprovecharan sus conocimientos en las materias que manejan hoy, con posibilidades incluso de mejorar sus ingresos y su proyección profesional, se les abrirán otras oportunidades.