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Arturo Vieyra

Impasse productivo en el 3er trimestre

BRÚJULA ECONÓMICA

Arturo Vieyra Fernández
Arturo Vieyra 
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Arturo Vieyra

En este espacio ya habíamos advertido sobre el inminente proceso de desaceleración de la economía mexicana en el tercer trimestre de este año. Finalmente, la más reciente información económica la corrobora, e incluso, es posible que, a la luz de los resultados hasta ahora vistos, se ajusten a la baja la expectativa de crecimiento para este año.

En efecto, el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE, proxi mensual del PIB) en agosto mostró una importante caída mensual. Se contrajo 1.6% respecto a julio, por debajo de la proyección del consenso (+0.2%). El deterioro mensual se explica fundamentalmente por la menor actividad en servicios y de la agricultura, al mismo tiempo que la industria disminuyó su ritmo de crecimiento.

Respecto a agosto del año anterior, la actividad productiva en México creció sólo 3.8%, después de reportar 7.6% en julio. Si bien la desaceleración en la tasa anual de crecimiento tiene que ver con la base de comparación, la pérdida de dinamismo de un mes a otro es significativa. Incluso, con este resultado, el rezago productivo frente a los niveles precrisis sigue siendo significativo, pues en agosto la producción nacional está todavía 4.8% por debajo del mismo mes de 2019.

En consecuencia, además del mal resultado de agosto, se infiere con mayor claridad la desaceleración productiva en el tercer trimestre. Cálculos propios sugieren que el PIB del tercer trimestre pudo haberse reducido hasta 1.0% respecto al trimestre anterior.

Son varias las causas que frenaron la economía en agosto: (1) el auge de la tercera ola de los contagios por Covid-19 promovió de nueva cuenta la menor movilidad de la población con el consiguiente cierre de establecimientos, principalmente del sector servicios; (2) la escasez de insumos electrónicos para la industria automotriz ha provocado un estancamiento significativo de la producción para la exportación, y (3) se registró una caída mensual muy acentuada (-31.4%) en el sector de servicios profesionales, científicos y técnicos y de apoyo a los negocios entre otros, ligado estrechamente a las actividades de outsourcing, que con la nueva ley tuvieron que ajustar su nivel de actividad.

Las razones que provocaron esta debacle productiva sugieren que se trata de un efecto temporal y, por tanto, la recuperación de la actividad económica continuará hacia los meses siguientes. Sin embargo, es muy probable que el dato reciente cubra de pesimismo las expectativas de crecimiento para este año, que actualmente se ubican en 6.1%, por lo que es probable un ajuste a la baja, que podría situar el pronóstico de PIB por debajo del 6%.

Desafortunadamente, este impasse en el proceso de recuperación significó también un freno a la creación de empleos. Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), todo iba bien con la recuperación, pues durante el periodo febrero-julio, en promedio se generaron 741 mil empleos mensuales, pero con el letargo productivo del tercer trimestre, durante el bimestre agosto-septiembre el personal ocupado ha disminuido en promedio 642 mil empleos por mes. El costo social de la desaceleración ha sido alto, y más aún si se considera que han sido también los meses de mayor inflación.