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Arturo Vieyra

Prioridades

BRÚJULA ECONÓMICA

Arturo Vieyra Fernández
Arturo Vieyra
Por:
  • Arturo Vieyra

Pasada la elección intermedia con los resultados a favor y en contra de las distintas facciones políticas ya comentadas en todos los medios hasta la saciedad, queda en un plano prioritario la discusión sobre el devenir económico del país para los tres años y medio restantes de la presente administración.

Superadas las crisis de salud y económica en sus fases más críticas, sin que ello signifique haberlas dejado atrás completamente, los saldos son catastróficos y requerirán un gran esfuerzo para resarcirse.

Cifras recientes apuntan a que todavía estamos lejos de volver a los niveles previos a la crisis. La producción nacional está al primer trimestre por debajo de su nivel de hace un año y, considerando las proyecciones oficiales, tomará por lo menos este año y el siguiente regresar al nivel del 2019.

En materia de empleo, a pesar de que la recuperación ha sido más o menos vigorosa, hasta abril de acuerdo con cifras del Inegi, había un millón de desempleados más de los que se registraron en marzo del año pasado. Además, la calidad del empleo se ha deteriorado. Al cuarto mes de este año había 7.5 millones de personas en el subempleo (que buscan un empleo adicional, o bien, no trabajan la jornada completa) cuando en marzo del año pasado había 5.1 millones de subempleados. Los trabajadores afiliados al IMSS vienen aumentando, pero en mayo todavía hay 373 mil menos de los que había antes de la crisis.

Todas estas cifras revelan el alto costo de la crisis económica sobre el mercado laboral. Al mismo tiempo, sustentan la dramática estimación del Coneval que señala un incremento de 9.5 millones más de personas pobres en el país. El daño provocado por la crisis en México y el mundo es de una magnitud muy severa, ningún país escapa de las trágicas secuelas que sobre el empleo y la producción dejó la pandemia.

Una condición fundamental, indispensable -pero no la única- para lograr subsanar los costos sociales y económicos está en el crecimiento económico. A la fecha, la perspectiva de corto plazo es optimista, se estima para este año un repunte importante de la producción nacional de alrededor de 6%. No obstante, para los siguientes años la perspectiva de los analistas sigue atada a un crecimiento menor a 3%, lo que implica un retorno al modelo de crecimiento insuficiente para la generación de empleos formales y mejor remunerados. Un cálculo sencillo muestra que el crecimiento económico mínimo debe ser 4% al año para poder sostener el aumento de la fuerza laboral formal.

La crisis bloqueó de tajo a la actual administración para implementar su estrategia que en teoría debería acelerar el crecimiento y disminuir la desigualdad. Es ahora cuando hay que instrumentar las políticas tendientes a dar el salto cualitativo y cuantitativo en el modelo económico.

Hay señales positivas, el reconocimiento por parte del gobierno de la necesidad de mayor inversión privada, la reunión del Ejecutivo con grandes empresarios para incentivar la inversión e infraestructura va en este sentido (esperemos que no sea una más de las que ha habido en los últimos dos años sin grandes resultados), el anuncio de fortalecer la banca de desarrollo que podría impulsar las micro y pequeñas empresas es otra. Las acciones y propuestas son las prioridades, no las diatribas entre uno y otro bando.