Daniel Alonso

Categoría ¿Libre?

ARQUETIPO FUTBOL

Daniel Alonso*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Daniel Alonso
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
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  • Daniel Alonso

Las grandes capitales del mundo se encuentran en plenas celebraciones y conmemoraciones por la inclusión de todos los sectores de la sociedad. Pero para Lia Thomas, este verano quedará marcado como una derrota en su carrera como nadadora trans y su sueño de participar en las próximas olimpiadas en París. Hoy 28 de junio, día internacional del Orgullo, en pleno 2022, el deporte continua en deuda.

¿Quién es Lia Thomas? Ella es la primera mujer transgénero en ganar un campeonato nacional de natación en las 500 yardas estilo libre en la NCAA, es decir, el trofeo más importante en el deporte universitario en Estados Unidos, y que suelen ser los trampolines de los competidores a los Juegos Olímpicos. Y apenas hace una semana, la Federación Internacional de Natación, anunció la prohibición a deportistas como Lia de competir en eventos femeninos.

“Cualquiera que no haya comenzado la transición de hombre a mujer antes de cumplir los 12 años de edad o al inicio de la pubertad, lo que ocurra más tarde, no podrá competir contra mujeres cisgénero durante su carrera”, así lo anunció el organismo rector de la natación. La FIFA y la Asociación de Atletismo Internacional, han anunciado que revisaran las regulaciones de las competidoras trans en sus disciplinas (futbol y atletismo).

Pero después del vacío que podría generar esta noticia en la comunidad trans y en todas las personas que de alguna forma han peleado por la inclusión y los derechos humanos, tal vez el lado positivo o que se puede rescatar de este duro golpe, es que la discusión está abierta. Se habla sobre la posibilidad de conformar una categoría libre y el compromiso de la FINA en buscar una solución para no excluir a nadie de la natación.

Claro, lo positivo es que exista la discusión, no en sí la posibilidad de una “categoría libre” que encasillaría a los deportistas trans. Vale la pena recordar la batalla de Oscar Pistorius contra la Asociación Internacional de Federaciones del Atletismo la cual duró más de cinco años y a la cual finalmente, vencería fuera de las pistas para ser un corredor más en los Juegos Olímpicos de Londres en 2012. Durante todo este proceso, el argumento principal de los federativos era que Pistorius sacaba ventaja con sus prótesis. El atleta sudafricano siempre afirmó en su defensa, que sus prótesis no usaban gasolina.

Con solo analizar los tiempos, era totalmente improbable que el sudafricano aspirara siquiera al bronce, así que ese no era el temor de la Asociación de Atletismo, que un amputado subiera al podio; no, simple y sencillamente era no aceptar a un atleta sin piernas, porque no era igual a los demás, porque no lucía bien, porque para él ya existía un lugar en el mundo, y esos eran los Juegos Paralímpicos.

Para bien o para mal, el deporte sigue cimentado sobre estructuras rígidas que sirven para nutrir aquellas ideas retrogradas de lo normal, de lo natural, de lo que es “la obra de Dios”. Uno de ellos, el Gobernador de Florida, el republicano Ron Desantis, quien aprobó una legislación que prohíbe a las mujeres trans participar en los deportes femeninos de preparatoria y universidad, además de firmar una proclamación a la subcampeona Emma Weyant (quien fue derrotada por Lia Thomas), como la ganadora legitima.