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Julio Trujillo

La exigencia del momento

ENTREPARÉNTESIS

Julio Trujillo
Julio TrujilloLa Razón de México
Por:
  • Julio Trujillo

En su “Anécdota sobre la reciente guerra prusiana”, el escritor Heinrich von Kleist (1777-1811) le da la palabra a un posadero, quien quiere demostrarle a sus oyentes que, si hubiera más soldados como el caballero prusiano sobre el que va a hablar a continuación, Francia no los hubiera derrotado. El pueblo en las afueras de Jena, donde se encuentra la posada, ya ha sido evacuado por las tropas prusianas ante el avasallador avance de los franceses: los soldados de Napoleón se acercan inexorablemente.

De repente, un jinete prusiano irrumpe en la posada y, enfundando su espada, pide un brandy. “Por Dios, amigo”, le dice el posadero, “asegúrese de huir pronto, ¡los franceses están en la entrada del pueblo!” Pero el jinete exige su brandy, e incluso cuando el posadero le ofrece llevarse toda la botella gratis, se toma un segundo y un tercer brandy con toda calma, mientras se escucha el silbido de los proyectiles franceses. Ya sin tiempo, y después de haber bebido a plena satisfacción sus tres brandys, el jinete saca su pipa, pausadamente la llena de tabaco y pide fuego, ante el estupor del posadero, quien tiene que enviar a un sirviente por las cerillas, provocando otro agonizante retraso. Cuando el jinete termina de fumar relajadamente su pipa y empacarla, tres soldados franceses aparecen en la entrada. El prusiano, con un relámpago en la mirada, entra en acción y embiste con su caballo a los enemigos como si todo un cuerpo de caballería lo acompañara. Los franceses dudan por un segundo si, en efecto, hay más jinetes prusianos acompañándolo, y ese momento de dubitación es aprovechado por el jinete para derrotarlos. El prusiano reúne los caballos de los franceses y se despide del posadero con gran hilaridad. El posadero concluye: “Nunca he conocido un hombre así”.

La anécdota se convierte en mito, en una transacción entre lo humano y lo divino, y su valor consiste en que el jinete vive un tiempo puro, sin pasado ni futuro, sin el contagioso agobio del narrador (el posadero) por lo que ha ocurrido y por lo que ocurrirá. Instalado en el momento presente, el jinete tiene la misma determinación tanto para beber su brandy y fumar su pipa como para embestir a sus enemigos. La anécdota ejemplifica una manera de estar en el tiempo en que coinciden plenamente la conciencia y la acción. Nuestra mente suele desconectarse de la pura actualidad para considerar lo que fue, lo que pudo ser, lo que será y lo que podrá ser: preocupándose y no ocupándose del momento presente, que, no cabe duda, es lo único que tenemos y lo único de lo que estamos ciertos. El jinete vive su vida en una plenitud sin cálculo, sin retrospección ni prospección, todo él invertido en cada momento, cuya exigencia (la del momento) es absoluta. La misma entrega al degustar su brandy es vivida al embestir: sin reservas y completamente, provocando la duda de los franceses, quienes se distraen brevísimamente del instante absoluto y por ello son derrotados. Es el triunfo del ahora.

Es sólo una anécdota, un mito, pero me sirve para intentar vivir a plena conciencia mi aquí y ahora, sobre todo en tiempos de colosal preocupación. A la adversidad hay que vivirla y enfrentarla con calma y determinación, según lo exija el momento presente, y esa exigencia (lo ejemplifica bellamente Von Kleist) es absoluta.