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Rodrigo López San Martín

¿Y si AMLO pierde las elecciones?

ES LA ESTRATEGIA...

Rodrigo López San Martín
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Por:
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El estilo de gobernar del presidente Andrés Manuel López Obrador quedó claro desde la etapa de transición y ha sido constante a lo largo de sus más de dos años de gobierno: como nunca, en tiempos recientes, el presidencialismo mexicano regresó, volvió a sobreponerse frente a los actores económicos, sociales y al resto de los Poderes de la Unión.

El presidente no pregunta. No negocia. Se impone. Porque puede hacerlo y porque así mantiene la legitimidad de su discurso diferenciador entre él y las fuerzas políticas tradicionales.

Parte importante de esta fuerza con la que AMLO dirige su gobierno se explica en la contundencia de su triunfo electoral. Después de buscar la presidencia en dos ocasiones, en 2018, López Obrador ganó con más de 30 millones de votos (el doble que Felipe Calderón en 2006 y 12 millones más que Enrique Peña Nieto en 2012).

Pero no sólo fue su triunfo holgado. Sino el perfil de los candidatos legislativos de su partido que su popularidad arrastró al Senado de la República y la Cámara de Diputados.

Morena, como ninguna organización que había llegado a la Presidencia de la República, es un partido que existe únicamente alrededor de una figura central: AMLO. La enorme mayoría de sus legisladores, son incondicionales del presidente. Y así votan cada iniciativa que se discute en el Congreso.

Y es a partir de esta mayoría incondicional en el Congreso, que AMLO ha profundizado en un estilo impositivo y poco negociador de hacer política. No necesita hacerlo diferente.

Pero un resultado adverso en las elecciones de junio próximo movería el tablero y obligaría al presidente a replantear su forma de gobernar. Por eso es que, más allá de las 15 gubernaturas en disputa, la prioridad del presidente es la elección de diputados federales.

Para la oposición, lo importante será no sólo alcanzar un resultado positivo en la elección. Sino que la alianza formada por el PRI, PAN y PRD, se convierta en una coalición legislativa, que obligue a Morena a negociar con todo el bloque si se busca sacar adelante la agenda del presidente.

Y aquí es donde los dos objetivos de la oposición se alinean a una sola necesidad: tanto para lograr un resultado electoral positivo, como para mantenerse como una coalición legislativa, necesitan definir una agenda común en positivo.

Hoy, todos sabemos contra quien están. Que la razón principal para unirse es detener al presidente y su partido. Pero para los ciudadanos, eso no es suficiente.

Porque el país y los mexicanos viven momentos de crisis e incertidumbre. Y para confiarle su voto a uno de sus candidatos, limitarse al discurso negativo contra López Obrador no será suficiente.

PAN, PRI y PRD necesitan empezar a comunicar en favor de qué están. Qué abanderan, que promoverán, que defenderán en la próxima legislatura. Y poder anunciar, también, que se mantendrán unidos en esa agenda los próximos tres años.

Con ese bloque consolidado y un resultado favorable que alcance a quitarle la mayoría legislativa a Morena y sus aliados, estaríamos frente a unos tres años finales de gobierno diametralmente distintos a lo que hemos vivido.