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Rodrigo López San Martín

Claudia vs Marcelo: depende de Claudia

ES LA ESTRATEGIA...

Rodrigo López San Martín
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*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
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  • Rodrigo López San Martín

En un hecho, por lo menos, extraño, Andrés Manuel López Obrador, que luchó 18 años por llegar a la Presidencia de la República, decidió abrir su sucesión antes de llegar siquiera a la mitad de su mandato. Hoy, la conversación política nacional, en su mayoría, gira en torno al próximo mandatario, y menos alrededor de la actual administración.

Desde hace un mes, López Obrador empezó a poner nombres y apellidos sobre la mesa, calentando los ánimos entre sus seguidores y marcando, como acostumbra, la agenda mediática nacional.

Morena nunca ha elegido candidatos. Siempre fue un vehículo para impulsar las aspiraciones presidenciales de AMLO. Y el resto de las candidaturas, su decisión indiscutible. Sin importar si esas decisiones garantizaran el triunfo electoral o lo complicaran… Hoy, lo adelantado del inicio de la sucesión puede modificar esto.

Es claro que la primera opción del presidente es Claudia Sheinbaum. La arropó tras la derrota electoral de junio pasado y tras la crisis que se le vino encima tras el derrumbe en la línea 12 del metro.

Quizá, el presidente sintió que no le quedaba de otra. Pero lo cierto, es que la puso en el ojo público con un nuevo membrete, el de aspirante formal, más de dos años antes de que arranque el proceso electoral.

Del otro lado, la candidatura de Marcelo Ebrard descansa en fortalezas distintas a las de Sheinbaum. Si bien, hoy la jefa de gobierno es percibida más cercana que nadie al presidente, el canciller también es alguien a quien se le reconoce lealtad a AMLO, pero además, tiene una mayor construcción de atributos propios.

Desde la crisis humanitaria en la frontera y las amenazas de Trump al inicio del sexenio, hasta la gestión internacional para traer vacunas a México, Ebrard es el funcionario federal que más ha lucido. Y el único al que AMLO le ha permitido brillar con luz propia. Y aunque la tragedia en la línea 12 del metro será un lastre que tendrá que cargar, la larga trayectoria en la que ha posicionado sus atributos de eficacia y eficiencia lo blindan, al menos parcialmente.

Porque, si bien es claro, especialmente tras las 11 victorias en 15 gubernaturas de junio pasado, que quien encabece la candidatura de Morena en 2024 saldrá como el favorito, el presidente López Obrador sabe que, frente a una alianza opositora, no sería un día de campo, y no va a arriesgar su sucesión.

Por eso, para mantener su etiqueta de puntera, Sheinbaum necesita ampliar sus credenciales para blindar su candidatura. Definir más claramente un estilo propio

de gobernar y una agenda clara que se traduzca en una campaña de comunicación de resultados puntuales que poder presumir al resto del país.

Para la jefa de gobierno, serán dos años en los que cada decisión, omisión y error tendrá eco a nivel nacional. Dos años en los que, tanto medios de comunicación como opositores, seguirán con lupa su administración y le minarán el camino.

Claudia arranca al frente, el respaldo presidencial sigue siendo el mayor fiel de la balanza. Pero serán dos largos años en los que su desempeño y su comunicación, determinarán si se hace realidad su aspiración. Marcelo, del otro lado, parece que ya está posicionado tanto como puede estarlo un aspirante, y a la espera de que un tropiezo de su adversaria, le abra la oportunidad.