Viernes 27.11.2020 - 13:27

El candidato de los empresarios rumbo a 2024

¿A qué juega Enrique Alfaro?
Por:

Si bien en 2018, con la candidatura de José Antonio Meade, se dio el primer rompimiento con la larga tradición de postular militantes de extensa trayectoria en sus partidos como candidatos presidenciales, en 2024 podríamos estar frente a la primera candidatura emanada 100% desde fuera del sistema político formal e impulsada abiertamente por los grupos empresariales.

La falta de un gran opositor nacional entre los militantes de los partidos de oposición es evidente. Hoy, para señalar cada fracaso o mal momento del nuevo gobierno, lo más viral en las redes sociales suelen ser los mensajes del pasado del propio Andrés Manuel López Obrador. Así de vacía está la silla del líder de la oposición en México.

Frente a esta realidad, desde la etapa de transición, una de las voces que se ha posicionado como de mayor alcance para hacer frente a lo que un sector de la sociedad considera que la 4T se está equivocando, ha sido la de Gustavo De Hoyos, presidente COPARMEX. Lo hizo alrededor del debate de la cancelación del nuevo aeropuerto, del anuncio de la construcción de la refinería en Dos Bocas y lo hace permanentemente, en general, frente al estilo de gobernar y comunicar de AMLO.

Así, poco a poco, De Hoyos ha comenzado a generar interés natural entre distintos grupos económicos como posible candidato presidencial en 2024.

De entrada, la idea parece lógica. Nadie no sólo más confrontado, sino con un significado antagónico más claro frente a AMLO y Morena que el presidente de COPARMEX. A diferencia de la mayoría de la clase política, De Hoyos no se ha limitado en su activismo opositor aún frente a la ola de ataques que suele recibir quien alza la voz contra la Cuarta Transformación.

Pero analizando con mayor profundidad, la viabilidad de esta candidatura se debilita al analizar al adversario: un partido y un líder que parecen haber descartado al círculo rojo como público prioritario en sus mensajes, decisiones y acciones cotidianas. Desde sus conferencias mañaneras y en sus mensajes en general, AMLO ha eliminado intermediarios, y diariamente se dirige directamente a su público.

La fuerza electoral o popularidad con la que AMLO y Morena lleguen al final de su sexenio es una incógnita. Pero se antoja muy difícil la socialización de un proyecto opositor que, de entrada, será percibido inequívocamente como elitista.

Ese será el principal reto de cualquier aspiración que pudiera gestarse desde los grupos empresariales hacia la presidencia de la República. Cómo trascender su

propio entorno para volverse una opción atractiva para la mayoría de los mexicanos. Cómo traspasar las barreras de las sobremesas en restaurantes de contadas ciudades del país para llegar a la mayoría de los mexicanos.

Porque los millones de ciudadanos que viven en alguno de los miles de municipios mayormente pobres de cualquier estado del país, donde difícilmente alguien pueda sentirse identificado con esta élite o emocionado con el discurso económico que parece diseñado para los mismos empresarios, hay sólo una opción absolutamente descartada: volver al pasado.

Entendiendo esto, si la idea de impulsar a De Hoyos a la presidencia de la República va en serio, es urgente para ellos construir una estrategia que trascienda el contraste y la crítica. Ya sabemos en contra de qué y quién están. Ahora, les toca construir lo más difícil: un discurso creíble y atractivo en positivo. Lo que sí creen. A favor de qué están.