¿Dónde está Dios?

Indignación y transformación
Por:

Ha llegado a mis manos el libro ¿Dónde está Dios? La fe cristiana en tiempos de la gran incertidumbre (Madrid, Ediciones Encuentro, 2018). El libro, publicado originalmente en italiano, es un diálogo entre Andrea Tornielli, destacado vaticanista, y Julián Carrón, sacerdote católico y líder del movimiento “Comunión y liberación”.

La obra toca una multitud de temas, pero se podría decir que la preocupación central que aborda es la de cómo ser cristiano en el mundo de hoy. Sabemos que la secularización es la norma en casi todo Occidente, sobre todo en Europa. Cada vez son menos los que se declaran cristianos, sobre todo los jóvenes. Las antiguas iglesias se transforman en museos, bibliotecas o restaurantes. La gente piensa que ya no necesita a Dios. Sus preocupaciones se han tornado hacia lo inmediato. Sin embargo, el vacío existencial no se llena con nada: ni con el éxito, ni con el dinero, ni con los placeres, ni siquiera con las relaciones personales. Hasta el que más tiene descubre más pronto que tarde que el corazón humano no se satisface con las cosas del mundo, no importa cuántas sean. El mundo está más lejos de Dios que nunca antes. Por eso mismo, nunca ha estado más necesitado de él.

En su diálogo con Tornielli, Carrón ofrece una orientación a los católicos contemporáneos. En su libro anterior, La belleza desarmada (Madrid, Encuentro, 2015), ya había dado el mapa de ruta que ahora desarrolla de una manera erudita y profunda, pero no por ello menos clara y amable. Más que una doctrina anquilosada, el cristianismo es el resultado de un encuentro real con Jesucristo, Dios vivo que está aquí, con nosotros, como una presencia ininterrumpida de amor al ser humano. Ese encuentro —el acontecimiento primordial de la fe cristiana— nos hace cambiar nuestra vida para bien: nos llena de confianza, de tranquilidad, de alegría. Es obvio que la fe no nos exime de la enfermedad, del dolor o del fracaso, pero gracias a la fe, aquellas experiencias de la vida adquieren otro sentido. La mejor manera de predicar la palabra de Cristo es por medio del ejemplo: el de una vida transformada por su compañía misericordiosa.

Carrón enfatiza que cuando cortamos las raíces de los valores de nuestra cultura; es decir, de la verdad, el bien y la belleza, cuando suponemos que los seres humanos somos capaces de encontrar la verdad más remota por medio de nuestra sola inteligencia, de cumplir con las mayores exigencias del bien por medio de nuestra sola voluntad, de realizar las obras más majestuosas por medio de nuestra sola inspiración, no pasa mucho tiempo antes de que veamos cómo esos valores se empiezan a secar, a vaciar, a morir. Para que podamos vivir felices en el reino de los valores tenemos que retornar a la fuente misteriosa de donde manaron.