Informe en tiempos del beneficio de la duda

AMLO-Peña Nieto
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Las encuestas sobre la popularidad y aceptación hacia el Presidente le son realmente favorables. Por lo general en el primer año les va bien a los mandatarios.

En el caso de López Obrador se conjuntan otras variables.

Desde que tomó posesión le ha ido bien, es el centro del país, la gran mayoría de las referencias lo colocan con opiniones favorables. Conserva con firmeza el apoyo y el llamado beneficio de la duda.

Tiene el control de la agenda con las mañaneras, en donde concentra la atención de medios y redes sociales, muchas veces de manera abrumadora. Es un Presidente de enorme popularidad, la cual ha logrado aumentar por encima de la votación que originalmente obtuvo; no le va requetebién, pero si le va bien.

Muchas interrogantes provoca el informe del próximo domingo. Algunas de ellas son típicas de un momento político, identificando que con López Obrador los esquemas son distintos.

Como hemos venido insistiendo, somos de la idea de que bajo los actuales escenarios había condiciones para que el Presidente presentara su informe en San Lázaro, al tiempo que escuchara los posicionamientos de los partidos políticos.

El Presidente tiene una abrumadora mayoría, la oposición está disminuida y se podría abrir un nuevo espacio de diálogo entre los poderes, el cual se perdió desde tiempos de Vicente Fox.

En aquellos años se impidió que el mandatario lo hiciera en la Cámara de Diputados, la relación entre los poderes terminó desarrollándose tras bambalinas y a través de comunicados de prensa cargados de buenas intenciones.

En los tiempos de Salinas de Gortari y Zedillo los informes fueron por lo general trompicados. No había un auténtico diálogo y los legisladores se convertían en auténticos porristas, según la causa, en medio del griteríos.

Los presidentes nunca dejaron de informar. Cumplieron las formalidades entregando los documentos al Legislativo para que al día siguiente, en un acto con invitados “distinguidos” y sus cuates, reportaran lo que consideraban importante. Esta práctica terminó por hacerse habitual. No entraban a la Cámara, pero entregaban el documento; y al día siguiente se terminaba por desarrollar una nueva edición del Día del Presidente.

El Legislativo es la representación popular. Los legisladores son nuestros representantes y es a ellos, como poder democráticamente constituido, a quienes se debe informar. Hablar ante diputados y senadores es hablar ante la sociedad, la cual está en ellos representada.

López Obrador ha decidido hacer la fiesta sobre el informe la mañana del domingo en Palacio Nacional, y en la tarde ya se lo mandará a los legisladores a través de la titular de Gobernación.

El Presidente va a informar y habrá que ver lo que distingue. No es muy dado a la autocrítica y debe saber que en muchos temas hay dudas y en otros, ha quedado a deber. Quizá no se detenga en la renuncia de algunos integrantes de su gabinete, las cuales estuvieron marcadas por críticas profundas a la forma en que se está gobernando; podría haber cuentas alegres.

Lo que paralelamente es importante atender es que no sólo él está bajo evaluación, también lo está su equipo de trabajo sobre el cual han surgido muchas críticas y en otros casos ha sucedido que si por algo se han distinguido es por su ausencia; es de atender cuál es la percepción del Presidente sobre su propio equipo.

Habrá probablemente dosis del conocido síndrome del aplausómetro, lo que no se vislumbra es que ya cambió en las formas que hemos visto durante años.

El diálogo entre poderes seguirá siendo una asignatura pendiente y más con la disminuida oposición que nada más le alcanza para ver cómo decide el partido del Presidente.

RESQUICIOS.

Dos hechos previos al informe agitan las aguas de la vida presidencial. Por un lado el brutal ataque a un bar en Coatzacoalcos, van 29 personas muertas. Por otro lado se apareció en el momento menos oportuno la crisis de Morena en el Senado.