¿Qué sienten las niñas, niños y adolescentes?

SIN MIEDO

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Josué está convencido de que muchas personas no siguen las reglas durante la pandemia: “yo siento tristeza porque no miro a mis amigos ni estoy en la escuela, pero también estoy feliz porque las personas no salen a cortar árboles; las playas están sin gente y las tortugas y peces nadan felices por todo el mar. Nosotros tenemos que cuidar la naturaleza y respirar aire limpio”.

Paco, de 11 años, estuvo internado por leucemia linfoblástica; sus padres están muy preocupados porque su sistema inmunológico está debilitado, y su padre, Francisco, contrajo el virus (Covid-19). Ahora todos están en cuarentena.

Para Patricia, estar encerrada le ha significado frustración porque “me ha obligado a estar con mi familia, con la cual no tengo un lazo fuerte, no es fácil sentirte sola y no quería terminar así mi preparatoria”.

Gonzalo se siente muy preocupado: “a mi madre le redujeron un 40% su sueldo, el negocio de mi padre está cayendo y mi hermana menor está un poco aislada. Me preocupo por personas que ni siquiera se preocupan por ellas mismas”.

Lucía tenía dos trabajos en un restaurante y un niño con problemas de lenguaje; perdió ambos empleos. “Me urgía pagar mis colegiaturas y encontré trabajo haciendo cubrebocas de lunes a viernes, de 7 de la mañana a 7 de la tarde, y así logré adelantar dos meses de mi colegiatura”.

Luis habla desde el hospital: “no podemos olvidar que el cáncer no se detiene, no entiende de coronavirus. El cáncer en las niñas y los niños sigue apareciendo, siguen las recaídas, pero ahora lo estamos haciendo con muchos menos recursos”.

Con 12 años, Eduardo nos dice: “deseo poder salir, correr, ir al cine, ver a mis amigos, a mis primos, a mis abuelitos. Me gusta estar en mi casa, pero no tanto porque a veces mi mamá es muy enojona”.

Rafael tiene 9 años: “cuando mi mamá nos dijo que no íbamos a ir a la escuela por un tiempo, a mis hermanos y a mí nos dio mucha alegría, pero ahora peleo con ellos y me aburro. A mí me gusta mucho jugar futbol y no puedo hacerlo porque vivo en un departamento”.

Armando está lidiando una dura batalla al lado de su madre, pues “de repente mi papá dio positivo al Covid-19, y ya no nos damos abasto para limpiar, desinfectar y ventilar las habitaciones, pero estar juntos nos da fortaleza para no rendirnos. Con la ayuda de Dios vamos a salir de ésta”.

Para Rebeca, las clases no son lo mismo. “Extraño salir al patio de mi escuela, ver a mis amigas y tomar aire libre. Las clases en línea me ayudan, pero son en cuatro paredes y es muchisísisimo trabajo y pues eso no está cool”.

Sin duda, la mayoría de niñas, niños y adolescentes quedarán marcados por esta pandemia y recordarán la manera en que los tratamos; lo cercanos o distantes que fuimos, y también si esta pandemia les dejará experiencias dolorosas, pero también de amor y resiliencia, o si esta pandemia hizo de su hogar un infierno peligroso y violento. 

Cuidar de su salud mental decidirá en gran medida el resto de sus vidas, de su autoestima y capacidad para construir su felicidad.