La que necesitamos o a modo

AMLO-Peña Nieto
Por:
  • javier_solorzano_zinser

Es probable que López Obrador haya visto dos Méxicos en los últimos años. Uno es el de militante de causas y partidos, procesos en los que las circunstancias permiten que se lancen discursos, críticas y promesas a diestra y siniestra.

Es probable que sólo López Obrador conozca el país y sus resquicios, los cuales han hecho espacios visibles lo que era invisible para casi todos. Esos recorridos le redituaron votos que lo hicieron ganar las elecciones de manera abrumadora, al tiempo que le han permitido tener un conocimiento exhaustivo de lo que pasa y se siente en México.

Sin embargo, no es lo mismo ver el país desde la crítica en que se puede decir lo que sea sin que le pasen la cuenta, que hacerlo desde la responsabilidad de gobernar.

Es probable que esto le haya pasado con el tema de la Guardia Nacional. Una cosa fue lo que vio y dijo como candidato y otra la que vio ya siendo Presidente electo, en sus nuevos recorridos por todo el país en lo que llamaron gira de agradecimiento o algo parecido.

La crítica que se le hace al Presidente por su cambio de opinión y estrategia sobre la Guardia Nacional merece matices. Es muy probable que lo que haya visto en los últimos meses lo haya hecho cambiar de opinión, lo cual no necesariamente es un mal signo.

No hay manera de regresar a las Fuerzas Armadas ni en el corto ni mediano plazo a los cuarteles. No había manera de que López Obrador pudiera hacerlo y lo fue entendiendo poco a poco.

Si de por sí mucha gente está expuesta, sometida y sin defensa alguna ante los designios y brutal violencia de la delincuencia organizada, dejarla sola y aislada sería un acto de irresponsabilidad imperdonable, moral y ética, del Estado mexicano y sus gobiernos.

López Obrador lo vio y seguramente lo vino a entender en las propias comunidades. Su discurso cambió en función de la terca realidad. Lo que creyó y diseñó como candidato cambió como Presidente electo. Por más obvio que sea, una cosa es ver el partido desde la tribuna y otra tirar el penalti.

Todo esto es no sólo entendible sino también saludable. Había situaciones que no se conocían que llevaron a ver las cosas de distinta manera, junto con algo que sabe hacer muy bien el Presidente, sentir el pulso de la gente.

Lo que pasó a partir de esto ha sido confuso. Se mandó un diseño de Guardia Nacional que no tenía que ver con la esencia y principios bajo los cuales ONG, investigadores, especialistas y ciudadanos habían debatido en los últimos diez años. Ellas y ellos crearon historias y documentos con base en experiencias directas en el país y fuera de él.

La disyuntiva sobre quién debería dirigir la Guardia Nacional, mando militar o civil, estableció qué quería y en qué estaba pensando el gobierno. Lo que vino después resultó más confuso aún.

Los morenistas fueron cambiando sus posiciones. En el Legislativo se les olvidaron los riesgos de la militarización.

Las voces de los especialistas, a quienes los ahora legisladores solicitaban opinión y propuestas, pasaron a segundo plano y terminaron hasta enfadando a los congresistas. Excepciones interesantes fueron Tatiana Clouthier, aguantó la crítica interna y no casualmente la hicieron a un lado, y la de Pablo Gómez.

El especialista en temas de seguridad Alejandro Madrazo nos decía el martes: “no existe ya espacio alguno en donde no participen las Fuerzas Armadas, las están usando hasta para la construcción del aeropuerto… el proyecto que aprobaron los diputados, con el PRI como aliado, nos va a llevar al mismo lugar en el que estamos”.

Ahora la pelota está en el Senado, que por lo que se supo ayer van a atender todo lo que les diga el Presidente.

RESQUICIOS.

Los remanentes de los muchos años de violencia en Colombia volvieron a aparecer. El expresidente Santos nos dijo hace pocos meses: “si la paz es muy difícil de firmar, es todavía más complicado establecerla y que permee entre quienes vivieron en guerra tanto tiempo”.