La pantomima del impeachment

Trump contra la ciencia
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El Partido Republicano se precipita hacia un abismo moral del que será complicado salir. Mientras el impeachment al presidente Trump avanza en el Senado hacia una absolución express, las pruebas se acumulan por montones.

Durante el proceso que se vivió en la Cámara baja, la Casa Blanca llegó a extremos inimaginables de ilegalidad para evitar que documentos y testigos pisaran el Congreso y se pudieran registrar las evidencias de sus actos. Mintió sobre los hechos, negó conocer a los actores clave y apretó su puño al cuello de su partido al más puro estilo de un matón de la mafia. Ahora, en el Senado, no hay esperanzas de ver un juicio justo puesto que la polarización y la pérdida de la espina moral de los republicanos es patente.

Mientras tanto, el exconsejero de Seguridad Nacional de Trump, John Bolton, insiste en que está dispuesto a testificar. Bolton es un político de carrera, un republicano serio y conservador que cooperó en la administración Bush y que poco a poco empezó a distanciarse de Trump justo por los manejos irregulares de su administración. Ahora, sale a la luz un manuscrito de Bolton en el que afirma sin cortapisas que el presidente le dijo que congelara la ayuda militar a Ucrania hasta lograr que se anunciara la investigación en contra de su rival político Joe Biden, probando de primera mano la coacción a un país extranjero por intereses particulares, abusando del poder de su oficina. La facción republicana del Senado enfrenta una elección clara: encubrir o cumplir con su deber legal y moral.

Probablemente esta semana llegue el momento en el que el Senado tendrá que votar si admiten nuevos testimonios y evidencias documentales en el juicio contra Trump o si proceden al previsible veredicto de absolución. Los demócratas necesitan convencer a cuatro republicanos de votar con ellos para alargar el proceso e incluir testimonios demoledores como el de Bolton. Las encuestas mismas, aún entre ciudadanos republicanos, favorecen el abrir el proceso a nuevas evidencias; sin embargo, Trump y sus aliados en el Senado saben de lo devastador que sería y están dispuestos a destruir la democracia estadounidense antes de perder su poder.

Mientras tanto, Trump ha retomado con más fuerza su campaña, buscando cerrar filas y darle a su base un mártir perseguido por el cuál luchar. Incluso ha aparecido abanderando la marcha multitudinaria contra el aborto, tratando de volverse a embolsar a las principales congregaciones religiosas concentrando las miradas en un tema que aglutina y alejando las consciencias de pecados más sutiles como los que engordan su vida personal y política. Trump es un genio de las apariencias, los chantajes y la manipulación. Insisto, el fin no justifica los medios.