Miércoles 2.12.2020 - 03:29

Morena entre dilemas

AMLO-Peña Nieto
Por:

El futuro de Morena le es de gran importancia al país. El movimiento-partido ya tiene predominancia nacional que lo coloca con influencia real en todo el territorio.

Morena está pagando su derecho de piso como partido dominante. Nos decía ayer su presidenta, Yeidckol Polevnsky, que al movimiento le han aparecido simpatizantes por doquier; “ahora resulta que todos quieren ser presidente del partido”.

Lo que es un hecho es que de ser una organización que materialmente rogaba a la gente que se integrara, ahora ha pasado a ser un partido al cual, entre convicciones y oportunismo, resulta que muchos quieren pertenecer.

Sin que Morena tenga un censo que le permita conocer cuánta gente lo forma, la militancia es cada vez mayor. Ya empieza a tener problemas de organización interna debido a que mucha gente se quiere integrar. No es lo mismo ser un partido en formación que ser un partido en el poder.

Los errores que tanto le costaron al PRD pueden repetirse en Morena. La formación de las tribus, bajo otras formas, podrían irrumpir y atomizar al partido. Si algo perjudicó y abatió al sol azteca fue, entre otros factores, la división interna, en la cual, por cierto, López Obrador también tuvo que ver.

Uno de los dilemas que tiene Morena es si va a seguir siendo un movimiento social o se va a convertir en un partido político, con todas las reglas y la institucionalidad que implica. El ser partido en el poder debiera apurar esta transformación. Morena es el partido político que más dinero está recibiendo, derivado del proceso electoral del año pasado.

Es mucho dinero de la noche a la mañana. Es una paradoja, ya está en los terrenos en donde tienen que administrar su abundancia, la cual le viene por diferentes derroteros; igual es dinero, pero también es ejercer el poder que suponemos se han dado cuenta que no está siendo  cualquier cosa.

Otro de los dilemas radica en qué tanto López Obrador sigue siendo el fiel de la balanza y quién realmente establece los lineamientos del partido. Nos dice Yeidckol que el presidente está muy ocupado como para detenerse en la dinámica interna del partido. Sin embargo, se ve difícil que el tabasqueño pase de largo los temas centrales del partido. No lo vemos a un lado en el próximo proceso para decidir quién encabezará el partido.

La próxima elección en Morena va a ser un gran reto. Tendrá que discutir cómo dejar de ser un movimiento para pasar a ser partido político, con todo aquello que implica y que quizá a muchos internamente no les gusta.

Al mismo tiempo, tendrán que definir quién encabezará el partido. En estos días, al tiempo que se han dado a conocer varios nombres de suspirantes, también ha quedado claro que el proceso no va a estar exento de gritos y sombrerazos, lo cual se entiende y forma parte de la vida política. Sin embargo, también tiene un alto riesgo de provocar divisiones internas que luego resultan difícil de revertir y que acaban dejando huella.

Morena tiene que hacerse adulto en el mejor sentido de la palabra. Para ello es necesario que logre cohesionar su vida interna cuestión que se ve difícil, porque se tiene que empezar a dar, sin que necesariamente esté de por medio su histórico y abrumador líder.

No es una empresa fácil para un partido monolítico en el que su líder es omnipresente. Sin embargo, para que Morena conserve su presente y proyecte su futuro requiere de una fuerza interna que los pueda llevar a una cohabitación en medio de sus diferencias, las cuales se empiezan a manifestar como lo hizo saber Paco Ignacio Taibo II.

Para los partidos políticos los dilemas van y vienen, pero los que tiene enfrente Morena van a marcar su futuro y en una de ellas su existencia.

RESQUICIOS.

No necesariamente entre los demócratas hay un consenso sobre el tema migrante. En el debate del martes quedó claro así que habrá que hacer labor entre ellos, porque el eventual triunfo demócrata no garantiza cambios profundos en migración.