Peligro: “austeridad”

Fase 2
Por:
  • Carlos Urdiales

Anunciar ahorros y recortes a todos y en todo para posicionar la austeridad republicana como nueva forma de vida pública, ha sido buque insignia de la 4T. Nada supera en aceptación popular a la imagen de un gobierno y todo aquello que parezca, suene o huela a oficial; recatado en su gasto tanto como la mayoría de la gente a la que sirve y gobierna.

El ahorro de miles de millones de pesos en partidas superfluas, ofensivas o vitales y necesarias, se traducen en más recursos para pensiones, programas sociales por demás necesarios, nobles y, también, de alta renta política para quien los propicia, presume y distribuye.

Más miles de millones de pesos ahorrados se anuncian, cada semana, desde que Morena llegó al Congreso y al Poder Ejecutivo. Mínimo, pero muy vistoso; lujos de diputados y senadores cancelados; restaurantes, peluquería, bolero, boletos de primera clase a discreción, turismo parlamentario, nóminas sin control para asistentes y disque asesores, autos, teléfonos y más frivolidades cualesquiera a costa del erario.

Y el avión presidencial también, la flota entera, ni helicópteros ni camionetas blindadas, adiós a Los Pinos hola al depa que Felipe Calderón mandó construir (adaptar) en Palacio Nacional, y que al terminar el presente ciclo escolar será seguramente nueva morada de la familia López Obrador.

Secretarios de Estado a la 4T, sin parafernalia, dependencias federales que recortan con la precisión de un hacha, puestos de confianza, plazas por honorarios y eventuales de todas sus estructuras, no sirvan o sí, no trabajen o sí.

En mancuerna, los poderes Ejecutivo y Legislativo aprietan al Judicial y a los órganos autónomos del Estado. Al grito de, ¡austeridad republicana, sálvese quien pueda! Todo salario alto, justificado o no, debe ajustarse a la 4T.

Todo presupuesto institucional debe caer 10, 30 o 50 por ciento. ¿Cómo se determinan los recortes?, se ignora. La gracia es quitar. Discurso implacable; o se ciñen o son lapidados en la plaza pública por avaros, codiciosos, vulgares ambiciosos. Afuera la gradería aplaude, apoya, estimula.

Nadie defiende excesos, abusos y corrupción asimilada en detrimento del dinero público. Nadie. Sin embargo, por el bien de la 4T y su ruta hacia la equidad, justicia y el desarrollo con prosperidad de la mayoría, sí es necesario echar luz sobre los varios riesgos reales que, la austeridad en modo ideológico, hace a la salud nacional.

La SCJN con el Ministro Arturo Zaldívar al frente, se impuso un recorte del 25 por ciento a salarios y adelantó nuevos proyectos de austeridad. Falta conocer de cuánto será el ahorro total en el Poder Judicial. El efecto de despresurización fue importante y parecería que eso es lo que cuenta; se acabó la denostación pública y las agresiones de violentos pseudodemócratas.

En el INE, el asunto del recorte (y la denostación pública) no se resuelve, se agrava. La increíble falta de diálogo entre el órgano electoral y legisladores facultados para empuñar el hacha presupuestal le asestó a la institución un recorte financiero sin precedentes.

Lorenzo Córdova, enfático alerta, “el golpe inhabilita al INE para cumplir con sus crecientes facultades y obligaciones”. Peor resulta que un mal recorte de incierto criterio se reduzca a que los consejeros ganan mucho. Organizar comicios con certeza es un activo popular que no puede devaluarse bajo premisas retóricas, ideológicas y sus dogmas. Peligro inminente y de largo plazo. Lo del INE, merece la controversia.

El Inegi, otro ejemplo. Se anunció la cancelación de 14 encuestas nacionales por falta de presupuesto. La estadística que proporciona es base sólida para políticas públicas y estrategias privadas de todo tipo. Los censos de población, económicos y sociales funcionan, son esenciales para conocernos, medirnos y entonces, poder mejorar.

Y también está el Banco de México junto con varios otros organismos que, más allá de la narrativa juarista sobre ahorros; nos exponen y ejemplos ya se ven, a la pauperización de la administración y servicio públicos.

Capital humano en el gobierno de México y probidad presupuestal no deben excluirse. Es cuestión de seriedad y profesionalismo. Dogmas y rentas, aparte.