Miércoles 20.01.2021 - 15:37

La caída del muro: hito incómodo

La caída del muro: hito incómodo
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La caída del Muro de Berlín es uno de esos eventos decisivos de la historia que generan negaciones o resistencias a la admisión de su importancia. Son más comunes esas resistencias cuando se trata de fenómenos traumáticos, enmarcados en historias nacionales —el genocidio armenio, la Cristiada mexicana, el Gulag soviético—, pero en el caso de la apertura de la puerta de Brandemburgo, en 1989, se trata de un hito universal incómodo.

El derrumbe del muro que dividía las dos Alemanias, y que fuera levantado en 1961, en el momento más caliente de la Guerra Fría, muchas veces es pensado como un fenómeno local. Para el turismo berlinés tal vez lo sea; para el mundo es, literalmente, el cierre de una era y el comienzo de otra. A diferencia del momento de su construcción, que formó parte de un periodo de la historia global, la Guerra Fría, iniciada a fines de los 40, la caída fue la señal de arranque de una fase, la actual, que carece de nombre.

"El derrumbe del muro que dividía las dos Alemanias, y que fuera levantado en 1961, en el momento más caliente de la Guerra Fría, muchas veces es pensado como un fenómeno local. Para el turismo berlinés tal vez lo sea; para el mundo es, literalmente, el cierre de una era y el comienzo de otra"

La historia del siglo XX está periodizada por las guerras. Hablamos de la preguerra antes de 1914, de la entreguerras de los años 20 y 30, de la postguerra luego de 1945 y de la Guerra Fría. La caída del muro supone el inicio de la época más larga de paz en Occidente, desde 1914. Tal vez por eso, por la profunda habituación al conflicto militar en nuestra visión de la historia, resulta tan difícil comprender el momento que vivimos desde 1989.

Parece una obviedad, pero la caída del muro tuvo todos los elementos de un hito: fue fin e inicio a la vez. En noviembre de 1989, en Berlín, culminó la crisis de los socialismos reales de la Unión Soviética y Europa del Este, que se había manifestado desde principios de aquella década en países como Polonia, Checoslovaquia y Hungría. Pero también, el arribo de los 90 fue el disparo de salida para la desintegración de la URSS y los tránsitos a la democracia y el mercado en el antiguo bloque soviético.

En aquellos años se pensó que el ocaso de una era bipolar suponía el nacimiento de otra unipolar. Tres décadas después sabemos que aquella fue una visión ilusoria del cambio histórico: a la desaparición de la URSS siguió la integración europea, la consolidación de China como potencia mundial y, al cabo de una década, el relanzamiento de la hegemonía regional de Rusia. A treinta años del desplome del muro, el poderío de Estados Unidos está más acotado que en cualquier otro momento de la historia contemporánea.

"La historia del siglo XX está periodizada por las guerras. Hablamos de la preguerra antes de 1914, de la entreguerras de los años 20 y 30, de la postguerra luego de 1945 y de la Guerra Fría. La caída del muro supone el inicio de la época más larga de paz en Occidente, desde 1914. Tal vez por eso, por la profunda habituación al conflicto militar en nuestra visión de la historia, resulta tan difícil comprender el momento que vivimos desde 1989"

Otra ilusión que se instaló tras el derrumbe fue la del “fin de la historia” de Francis Fukuyama y otros nostálgicos de Hegel. Las guerras del golfo y de los Balcanes o la gran movilización social contra el neoliberalismo en América Latina fueron evidencias de que la historia seguía viva a fines del siglo XX. El derribo de las torres gemelas de Nueva York o el ascenso de los nacionalismos y los populismos de derecha o izquierda fueron confirmaciones de aquella ilusión.

El relato del neoliberalismo global es la otra cara del “fin de la historia”. Los Fukuyamas y los Castros pensaron la caída del muro de forma parecida: con el colapso de la URSS, decían, se universalizaba no sólo la democracia sino un capitalismo hiperprivatizado. Como hoy sabemos, eso no fue lo que pasó: las transiciones al mercado de los 90, tanto en Europa del Este como en Asia, África y América Latina, fueron sucedidas por el ascenso de economías con una fuerte intervención del Estado.

Tres décadas después de la caída del muro, la democracia se encuentra fuertemente impugnada como sistema político. Una impugnación que no sólo es teórica, como sucede en Gran Bretaña, Francia o Chile, sino práctica, como evidencian regímenes como el chino, el coreano del norte, el ruso, el venezolano o el cubano. La proliferación de nuevos autoritarismos en el siglo XXI, en diversas regiones del mundo, es una demostración de que el mundo de la postguerra fría no es unipolar. Es lógico que esos autoritarismos sean los más interesados en negar el hito del 89.