La trampa de Maduro

APUNTES DE LA ALDEA GLOBAL

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No encuentro otra palabra para describir la propuesta de Nicolás Maduro a los gobiernos de España, México, Argentina, Panamá y la Unión Europea: trampa. ¿Por qué hace una oferta de mediación un gobierno que no reconoce la legitimidad de la oposición, que ganó limpiamente las elecciones legislativas? ¿Mediación entre quiénes? ¿Entre Maduro y Guaidó, a quien el presidente, en su comparecencia en Palacio de Miraflores, llama “lacayo del imperialismo”, al tiempo que anuncia su próxima detención?

La oferta de mediación de Maduro llega en medio del escándalo que se ha desatado en España tras la reunión entre la Vicepresidenta Delcy Rodríguez y el Ministro de Transportes José Luis Ábalos. Rodríguez tiene prohibida la entrada al territorio europeo, pero llegó a Barajas y se reunió con el titular de Transporte del gobierno de Pedro Sánchez, no con la canciller Arancha González Laya, quien acaba de declarar que Madrid sigue reconociendo a Juan Gauidó como presidente encargado de Venezuela.

La propuesta de mediación de Maduro es un bluff más en la política exterior de un régimen autoritario que se sabe desconocido por buena parte de la comunidad internacional. Lo más preocupante es que derechas que actúan en contextos democráticos, en Estados Unidos y la Unión Europea, se prestan a ese juego e incurren en el costoso error de hacer de la crisis venezolana una bandera política en su lucha por el poder

El ministro ha reiterado que la conversación con Rodríguez fue incidental y que nada más fue a reafirmar la posición de la Moncloa, favorable a una salida negociada a la crisis de Venezuela. La derecha española, especialmente desde Vox y el PP, ha convertido el encuentro, casi, en un caso de traición a la patria. Y Maduro, como antes sus maestros, Chávez y Fidel, aprovecha el alarmismo de esa derecha para hablar del “secreto de Delcy”.

Se trata de un método conocido de intervención en la política doméstica de otros países, que es facilitado por el hecho de que Venezuela, como antes Cuba, es convertida en tema de política interna en España y la Unión Europea. Alguna vez, refiriéndonos a los debates sobre Cuba durante la presidencia de Vicente Fox, en México, llamamos a ese juego “diplomacia de oposición”. Con España y la Unión Europea se confirma que muchas veces la propia derecha favorece esos malentendidos que los autoritarismos latinoamericanos explotan a placer.

En México y Argentina, afortunadamente, no hemos llegado a esos niveles de politización interna del tema venezolano. En ambos casos podría argumentarse que las distancias mantenidas por los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Alberto Fernández con Caracas, favorecen el bajo umbral de polarización que se percibe en las clases políticas mexicana y argentina, en relación con el conflicto venezolano.

Lo que busca Maduro al incluir en una fantasiosa mediación a España y la Unión Europea, de un lado, y a México y Argentina, del otro, es, justamente, convertir a Venezuela en manzana de la discordia dentro de los países latinoamericanos. La trampa queda al descubierto una vez que advertimos que Maduro está uniendo en una misma posición a gobiernos que tienen distintas actitudes ante la crisis venezolana: México y Argentina no reconocen a Guaidó y España y la Unión Europea sí.

Se trata de un método conocido de intervención en la política doméstica de otros países, que es facilitado por el hecho de que Venezuela, como antes Cuba, es convertida en tema de política interna en España y la Unión Europea. Alguna vez, refiriéndonos a los debates sobre Cuba durante la presidencia de Vicente Fox, en México, llamamos a ese juego “diplomacia de oposición”

Pero la maraña queda más expuesta aún, cuando leemos que Maduro no sólo está invitando a esos países sino a Rusia al mismo bloque mediador. ¿Rusia? ¿Putin? ¿Cómo es posible integrar en una misma gestión mediadora, que supuestamente ayudaría a resolver el diferendo entre el poder ejecutivo y el legislativo en Venezuela —porque nada menos que de eso se trata—, un gobierno aliado de Maduro, como el ruso, y una región como la Unión Europea que reconoce a la Asamblea Nacional opositora? ¿Alguien duda de que la idea fue conversada con Serguei Lavrov en su último paso por Caracas?

La propuesta de mediación de Maduro es un bluff más en la política exterior de un régimen autoritario que se sabe desconocido por buena parte de la comunidad internacional. Lo más preocupante es que derechas que actúan en contextos democráticos, en Estados Unidos y la Unión Europea, se prestan a ese juego e incurren en el costoso error de hacer de la crisis venezolana una bandera política en su lucha por el poder. “It takes two to tango”, como dice la vieja y sabia frase.

Rafael Rojas

Historiador, internacionalista.

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