Sobre la vergüenza

Riesgos y oportunidades de la soledad
Por:
  • valev-columnista

Para Rosa Velasco* la vergüenza es una emoción central en la construcción del sentimiento de sí, que se traduce en pensar que somos defectuosos. Algunas vivencias rompen con más intensidad la certeza de que valemos la pena e impactan la identidad: la violencia física y verbal en la infancia le comunica al niño que no vale nada y que es un objeto sobre el que se pueden descargar la ira y la frustración.

También el acoso escolar, los abusos sexuales, el abandono sistemático, la precariedad económica, los defectos físicos, la timidez extrema, pueden ser incorporados como falta de valía y convertirse en una emoción de vergüenza que entorpece la construcción del amor propio.

Sanar significa deconstruir para volver a construir; identificar las circunstancias asociadas a emociones de vergüenza y humillación. El trabajo terapéutico es útil para, paulatinamente, dejar de sentir vergüenza de ser quienes somos.

Hay pacientes que sufrieron graves carencias materiales en la infancia. Casas a medio construir, una sola habitación para una familia grande, vivir en zonas peligrosas, no tener lo necesario para comer y vestir. Aun cuando el paciente haya hecho enormes progresos en su vida adulta y sea solvente, siempre tiene miedo de perderlo todo, de caer en la miseria y es muy frágil ante la mínima crítica o confrontación.

Ser la casa chica, sentirse feo, inadecuado, haber crecido sin padre o con padres o hermanos adictos o suicidas son contextos familiares y sociales que casi siempre evocan vergüenza.

Algunas personas se defienden sin haber sido atacadas primero. Viven avergonzadas y prefieren atacar antes de que los vuelvan a lastimar. El miedo a repetir una experiencia emocional dolorosa puede traducirse en la necesidad de construir muros para protegerse y para ocultar el pasado hasta a los más cercanos. Son barreras verticales, dice Wilfred Bion, para evitar un vínculo cercano que pueda convertirse en dolor.

La vergüenza, dice Velasco, es un afecto central del yo y es el producto de la idea que cada uno tiene sobre sí mismo más la opinión que tienen los demás.

Es interesante que Velasco (y otros) relaciona a la vergüenza con el narcisismo, tanto en su polo de inhibición, que vemos en personas que se sienten superiores pero que no hablan ni conviven ni opinan, pero que cuando hablan de los otros lo hacen desde la descalificación. O desde el polo expansivo, como las personas que demandan y exigen “lo mejor” porque se sienten muy poca cosa a pesar de su aparente seguridad.

La única forma de desactivar las reacciones espontáneas es tener una conexión emocional con uno mismo y aceptar sin juicio lo que se siente. ”Tener para consigo una actitud comprensiva”, dice Velasco.

El placer y la tranquilidad al estar con alguien aumenta en la medida que disminuye la vergüenza invalidante que se gestó en el desarrollo. Vale la pena estar con alguien si somos capaces de sentir que vale la pena estar con nosotros.

*Basado en el artículo “La vergüenza en la deconstrucción/construcción del sentimiento de sí, Instituto de Psicoterapia Relacional, mayo 2008.

* Psicoterapeuta sistémica y narrativa desde hace 15 años. Éste es un espacio para la reflexión de la vida emocional y sus desafíos.