Madre de Nadia: “Hacian muchas fiestas y los vecinos se habian quejado”

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Las jóvenes que fueron asesinadas en un departamento de la colonia Narvarte, el pasado 31 de julio, estaban a sólo unos días de dejar el lugar. El propietario del inmueble les había pedido que lo dejaran y ellas buscaban un nuevo espacio dónde vivir.

Las declaraciones de la mamá de la activista chiapaneca Nidia Vera Pérez —en poder de La Razón— revelan que poco antes del crimen, la joven acababa de comentarle que les habían pedido desalojar el departamento ante las quejas de los vecinos por las constantes fiestas que realizaban.

Tras reconocer los restos de su hija en las instalaciones del Forense, Mirtha Luz Pérez declaró ante el Ministerio Público de la Fiscalía Central de Homicidios.

La joven Esbeidy, quien vivía con las víctimas del departamento, declaró ante el Ministerio Público que esas reuniones en las que Nadia Vera llevaba personas extrañas a la casa, eran recurrentes.

“Nadia llevaba amistades al departamento con quienes convivía a veces hasta el amanecer, percatándome que consumían alcohol y fumaban mariguana…”, declaró sólo seis horas después del hallazgo de los cadáveres.

Al día siguiente, la tarde del sábado 2 de agosto, cuando llegó a la Ciudad de México la madre de la activista, fue interrogada por las autoridades de la Procuraduría capitalina.

Entonces, aseguró que su hija nacda en Comitán, tenía siete meses viviendo en la Ciudad de México, y que era “gestora cultural en varias compañías independientes, sin poder proporcionar mayores datos de dichas compañías…”.

“Mi hija compartía un departamento con dos muchachas de las cuales ignoro sus nombres, desde el mes de febrero del año en curso. Mi hija no conocía a esas muchachas con las que vivía. Sé que se había contactado vía Facebook con ellas, esto con la finalidad de que compartieran los fastos del departamento”, relató la señora.

Según contó, “sé que mi hija pagaba entre tres mil y 4 mil pesos de renta mensuales, ella decidió venir a radicar en el Distrito Federal ya que en su momento tuvo muchos problemas cuando se dedicaba al activismo en Jalapa”.

De acuerdo con los peritajes elaborados tras el crimen, la joven Vera Pérez presentaba diversos golpes en el cuerpo y el rostro, además de algunas heridas producidas por un arma blanca, que después se supo, era un pelapapas. Al igual que todas las víctimas del multihomicidio de la Narvarte, presentaba un disparo en la cabeza.