Sábado 19.09.2020 - 16:35

Albert Einstein: Su cerebro

Arrojan cuerpos en diarios de Mazatlán
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Munich, Alemania, 1884.- La familia Einstein asiste al desfile militar. Era la majestuosidad de Bismarck; con los caballos, los rítmicos tambores y flautas, todos los niños trataban de seguir el paso de los soldados y soñaban con ser uno de ellos. Albert, de cinco años, lloraba; cuando pudo hablar dijo: “de grande no quiero ser una de esas pobres gentes”. Se refería a su rechazo a ser un “autómata” a quien se le impidiera desarrollar sus talentos naturales.

Logró hablar con fluidez hasta los nueve años; era el único judío en una escuela católica, pero eso nunca dio problema.

Su madre, una mujer sensible, estableció comunicación con Albert a través de la música; ella tocaba el piano y el niño el violín.

Muy querido por su familia a los cinco años recibió una brújula de regalo que despertó su interés por la ciencia y observar que la aguja siempre apuntaba al mismo lugar lo hizo entender que había fuerzas que impulsaban las cosas donde aparentemente no había nada.

Su tío Jacob le enseñó álgebra y desde pequeño aprendió el lenguaje de los números, que le parecía muy divertido.

Tuvo serios problemas académicos, pues sólo le interesaban las matemáticas y la física (fue expulsado en la preparatoria), por lo que migró a Suiza y adoptó esa nacionalidad. Rechazaba su país de origen y renunció a la comunidad judía, él sólo quería entender las leyes de la naturaleza y ponerlas en números.

Graduado en ciencias tecnológicas por la Universidad de Zürich, empezó a trabajar en Berna en una empresa de patentes; 1905 fue su “año milagroso”: desarrolló cuatro teorías que serían el eje de su trabajo científico.

Desconocido de 26 años fue hasta que Max Planck lo leyó que publicaron sus teorías.

Por sus explicaciones sobre el efecto fotoeléctrico y sus contribuciones a la física teórica en 1921 obtuvo el Premio Nobel de Física, y no por la teoría de la relatividad, pues el científico que analizó su trabajo no lo entendió y decidieron esperar a que se demostrara, lo cual sucedió en 2015.

Su cerebro (que fue robado) se sometió a exámenes y comparación con otros 52 por la Dra. Sandra Witelson en la Universidad de Mc Masters (Ontario, 2003), encontrando las siguientes diferencias: el lóbulo parietal 15 % más ancho, ausencia de una estructura llamada opérculo (es una subdivisión del lóbulo parietal) que puede explicar su retardo en el lenguaje y su genialidad para entender la naturaleza a través de la física.

Einstein desde niño tenía una actitud a la vida diferente, dándose la libertad de aprender lo que sucedía a su alrededor.

En 1955 murió por la ruptura de un aneurisma. Según sus deseos no tuvo funeral, sus cenizas fueron esparcidas en el río Delaware, EU.

En sus palabras: “Educación es lo que queda después de olvidar lo que se ha aprendido en la escuela”.

Médico Psiquiatra y Psicoterapeuta

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Twitter: @YolandaPica