Jueves 13.08.2020 - 11:43

Centenario del genocidio armenio

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Horacio Vives Segl

El pasado viernes se cumplió el centenario del inicio del genocidio que el entonces Imperio Otomano perpetró contra la población armenia. Aquel 24 de abril de 1915 en Constantinopla (hoy Estambul) el gobierno de los “Jóvenes Turcos” comenzaría ocho años de deportaciones, torturas y ejecuciones sistemáticas que, en grandes números, concluyeron en el asesinato de millón y medio de personas. Aquí algunas reflexiones.

 Tapar el sol con un dedo. Para Turquía la postura “negacionista” ha sido una política de Estado. Si bien a lo largo de 100 años ha habido algunos momentos de flexibilización (en 2005, una iniciativa del gobierno turco de establecer una comisión de la verdad, integrada por historiadores armenios, turcos y de otras naciones; o en 2010, un acuerdo firmado en Zurich tendiente a tratar de establecer relaciones diplomáticas entre ambos países), lo cierto es que Turquía se ha negado a reconocer la cuestión armenia como genocidio, esto es: un crimen internacional consistente en el intento de aniquilar una población por razones religiosas, étnicas, políticas o de nacionalidad. La narrativa turca es que en aquellos años se vivió una guerra civil, en la que, si bien murieron muchos armenios, también corrieron la misma suerte otras poblaciones de la región de Anatolia, como asirios, serbios o griegos. Todo ello acompañado de un contexto de hambruna, de la crisis de la Primera Guerra Mundial y del proceso de desmembramiento del Imperio Otomano.

 Conmemoraciones y reacciones. Al acto principal, en el memorial de las víctimas en Everán, acompañaron al presidente armenio, Serge Sargsián, los presidentes de Francia y Rusia, entre otros. Diversos actos conmemorativos del genocidio y la diáspora armenia se verificaron en distintas ciudades del mundo. A 100 años, más de 25 países han reconocido el genocidio armenio. Si bien hace un año el presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, expresó sus condolencias por las víctimas armenias (obviamente sin reconocer el genocidio), las reacciones de su gobierno con respecto al centenario no podrían ser más desafortunadas —aunque, eso sí, muy consistentes—. Hace dos semanas el Parlamento Europeo emitió una resolución instando a Turquía a reconocer el genocidio armenio. El gobierno turco, que todavía busca el ingreso del país a la Unión Europea, descalificó la resolución y la tildó de “ridícula”, al reproducir “todos los clichés de la propaganda armenia”, que refleja “el racismo de Europa” y que “entra por un oído y sale por el otro”.

Igualmente desatinada fue la reacción turca ante la alocución del Papa Francisco en el acto en el que acompañó a los familiares de las víctimas y condenó el genocidio. La furibunda respuesta de Ankara, además de llamar a cuentas al embajador del Vaticano, incluyó descalificar a la cabeza de la Iglesia católica por su nacionalidad: para Erdoğan, todo se explica porque el Papa es un ciudadano argentino, país en el que la diáspora armenia “controla medios y negocios”. En efecto, Argentina es uno de los países que han reconocido el genocidio armenio y, por tanto, para Erdoğan forma parte de un “eje de intereses” en contra del gobierno turco.

Arropado en un nacionalismo rancio, Erdoğan está perdiendo la oportunidad de eliminar los restos de beligerancia derivados de un conflicto histórico y cambiar la imagen internacional de Turquía.

hvives@itam.mx

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