Chantal Mouffe y el populismo de izquierda

Indignación y transformación
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En su libro más reciente (For a Left Populism, London, Verso, 2018), Chantal Mouffe ofrece un programa para el populismo de izquierda. Esta obra, de formato pequeño y fácil lectura, puede verse como un manifiesto a favor de una vertiente de lo que ella denomina “el momento populista” que vive Occidente.

La autora cuenta una historia que a todos nos resulta conocida. A partir del derrumbe del bloque comunista, la política en Occidente sufrió un cambio radical. Por una parte, cesó la lucha ideológica entre la derecha y la izquierda tradicionales. Lo único que quedó en pie fue la democracia representativa liberal. En ese sistema, el juego político se redujo al mínimo. Todos los partidos se volcaron hacia el centro, al centro derecha o al centro izquierda y, a la larga, la diferencia entre ellos se hizo tan minúscula, que los votantes dejaron de entender qué consecuencias tenía elegir uno u otro. Mouffe llama a esta situación la pospolítica. Aunque en la mayor parte de los países de Occidente se realizaban elecciones y se defendían los derechos humanos, las condiciones reales de los ciudadanos comenzaron a empeorar.

 

“El populismo se define como un movimiento político contrario a una élite que ha dejado de escuchar las exigencias populares. Para ir en contra del sistema financiero internacional, el populismo adopta la forma de un movimiento nacionalista. El pueblo del populismo siempre tiene una historia, coordenadas geográficas e, incluso, notas raciales”

 

En la pospolítica se impuso el dogma de que no había opción para el modelo económico neoliberal. Un efecto de este modelo fue un incremento gigantesco de las ganancias que se concentró —de manera desproporcionada, incluso para los estándares del capitalismo— en muy pocas manos. Fue así que empezó a generarse la sensación de que el sistema político de todos los países estaba controlado por el capital financiero internacional. Las opciones ofrecidas por los partidos tradicionales no permitían la solución de las demandas crecientes de una población cada vez más indignada. Es entonces cuando surgen los partidos populistas de derecha y de izquierda que rompen con el establishment para darle voz a un pueblo caracterizado de diversas maneras. En ambos casos, el populismo se define como un movimiento político contrario a una élite que ha dejado de escuchar las exigencias populares.

Para ir en contra del sistema financiero internacional, el populismo adopta la forma de un movimiento nacionalista. El pueblo del populismo siempre tiene una historia, coordenadas geográficas e incluso notas raciales. Pero mientras el populismo de izquierda convierte al capital financiero apátrida en su oponente principal, el populismo de derecha identifica además a los inmigrantes como un oponente secundario, ya que quienes los han dejado pasar, según su diagnóstico, son los políticos que se han beneficiado de sus votos y los empresarios que se han enriquecido con su mano de obra barata.

Mouffe piensa que en el momento populista actual no tiene sentido intentar revivir al viejo marxismo o a la vieja social-democracia. La única opción viable es defender un populismo de izquierda frente a uno de derecha.

Ella ofrece una concepción de la izquierda, que ya no se funda en la tesis de la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía. Ahora, nos dice, hay una pluralidad de sujetos políticos que buscan distintas rutas de emancipación y no es posible reunirlos a todos bajo el concepto de “proletariado”. Por medio de lo que ella llama “cadenas de equivalencia”, diferentes grupos con distintas demandas —como los ecologistas, los homosexuales, los pueblos indígenas, las feministas, etc.— pueden sumar esfuerzos para construir un movimiento popular que se oponga al enemigo común, que Mouffe define sencillamente “la oligarquía”.

 

“Mouffe piensa que en el momento populista actual no tiene sentido intentar revivir al viejo marxismo o a la vieja social-democracia. La única opción viable es defender un populismo de izquierda frente a uno de derecha”

 

La filósofa belga defiende una concepción agonista de la política, lo que quiere decir que la política supone una confrontación permanente. La idea de un consenso absoluto le parece un mito que no podemos seguir sosteniendo. La frontera de la política actual, sostiene, se rige por la lucha entre el pueblo y la oligarquía.

Mouffe insiste en resignificar de manera positiva el concepto de populismo y en preservar la noción de izquierda. Me parece que lo primero es factible, aunque yo prefiero pasar del sustantivo al adjetivo y hablar de una democracia popular. Por lo que respecta a lo segundo, también es factible reducir la izquierda a la lucha por la igualdad y la justicia social dentro de un régimen democrático y un sistema capitalista. Los viejos marxistas se quejarán que eso no es la izquierda; pero lo que ellos digan ha dejado de ser relevante para la política contemporánea.