Como desestabilizar el regimen cubano

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Por:

Leonardo Núñez González

“Kennedy quería acabar con Castro, pero Castro acabó con él primero”. El sucesor de Kennedy, Lyndon B. Johnson, diría esta frase al terminar su mandato en una entrevista con el periodista Howard K. Smith. Más allá de la serie de intrigas detrás de la visita del asesino a la embajada de Cuba en México días antes del atentado, esta frase es una muestra de la complicada y tensa relación entre Cuba y Estados Unidos durante las últimas décadas.

En el proceso, toda clase de políticas se ha impuesto en ambos bandos: desde el bloqueo al comercio internacional con la isla, las restricciones para los norteamericanos para viajar a Cuba, la estigmatización en la isla de los migrantes que huyeron del régimen castrista, la limitación de las comunicaciones electrónicas, entre muchas otras. Los objetivos eran, por un lado, desestabilizar al gobierno cubano y, por el otro, sobrevivir y mantener el poder.

La idea de la desestabilización, al menos en lo referente al bloqueo, pretendía que la crisis económica llevara a que los habitantes de la isla se convirtieran en una fuente continua de presión al gobierno. Con un sueldo promedio actual de 20 dólares al mes o el racionamiento de alimentos, cualquiera pensaría que los cubanos pelearían por la democratización de la isla debido a la crisis económica. Sin embargo, las restricciones del gobierno a la libertad de expresión han sido tremendamente efectivas. Por ejemplo, de acuerdo con una encuesta realizada por Bendixen & Amandi International en marzo, a 75 por ciento de los cubanos le da miedo hablar en público, al mismo tiempo que 79 por ciento no está satisfecho con el sistema económico.

Por ello el aislamiento político y económico no ha transformado el régimen. Pero creo que la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos busca los mismos objetivos, sólo que por otros medios.

En la ceremonia oficial de la semana pasada en la que el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, visitó la isla para izar la bandera estadounidense en la embajada norteamericana, no fueron invitados los disidentes que radican en la isla. Esto podría parecer un desaire a la disidencia, pero lo que no se comenta son las rápidas transformaciones que este reavivamiento de la relación bilateral ha traído para la sociedad.

Por ejemplo, un punto central de la negociación en el que presionó Estados Unidos fue la apertura de las telecomunicaciones para los cubanos: antes sólo podían entrar por una hora a Internet aquellos que pudieran pagar el equivalente a medio salario mínimo. Ahora se han instalado cinco puntos de acceso gratuito a Internet en los que el abarrotamiento de gente es apabullante.

La llegada abrupta al siglo XXI de una sociedad que vivía congelada en los años 60 puede ser más efectiva que una sociedad desconectada y sin recursos. Obama podrá ser criticado por los republicanos como “blando” con el régimen cubano al flexibilizar la relación, pero a la larga puede que su estrategia llegue con éxito a la transformación del régimen cubano, pero por otros medios.

leonugo@yahoo.com.mx

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