El Diario de Celestine

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Ximena Urrutia

Existen riesgos que no son necesarios correr, sobre todo si éstos conllevan nombres como el de Jean Renoir o Luis Buñuel de frente. De ser así, quizá vale la pena abandonar la carrera. Pero si decidimos correrla, entonces la afrenta debe ser clara y frontal.

Los riegos son muchos y la apuesta infinita para Benoit Jacquot y es que, al director francés, no le queda más que agarrar al toro por los cuernos.

El Diario de Celestine es la tercera adaptación de la novela de 1900 de Octave Mirbeau, Diario de una Camarera. El estreno está programado para el 27 de este mes.

El filme narra la historia de una mucama parisina que es enviada a cumplir con una tarea que se parece más a un castigo: trabajar en un caserón en provincia. Para cualquier chica citadina de principios del siglo XX esta labor era algo así como sufrir el infierno en la tierra.

El fastidio se vuelve mutuo, ya que los habitantes del lugar ven a la recién llegada con igual desprecio. Al paso de los días, Celestine va anotando en su diario los acontecimientos, reflexiones y recuerdos de una vida monótona en la que tendrá que lidiar con la dueña de la casa, quien demanda cosas de ella como si fuera su esclava. También tendrá que soportar al patrón que busca a como dé lugar llevarla a la cama, a una peculiar pareja de vecinos y a sus compañeros de labores: un seco, malhumorado y racista encargado (al que da vida Vincent Lindon) y la problemática cocinera.

La primera pregunta que surge es: ¿cuál es el sentido que le da el cineasta a competir con esos monstruos? Las respuestas podrían ser numerosas…

La primera viene de la mano de Lea Seydoux; la protagonista. Y es que, aunque el conjunto del reparto hace un trabajo excelso, la película se apoya fundamentalmente en la formidable interpretación de su actriz principal. Lo que resulta curioso es que originalmente era Marion Cotillard quien debía interpretar dicho personaje, pero tuvo que bajarse del barco por complicaciones de agenda. Bien dice el dicho: “no hay mal que por bien no venga” y la verdad da la impresión de que el problema pudo haber sido una solución para el director de El adiós a la reina…

Si bien hay claras diferencias narrativas con sus antecesoras, no podemos obviar que el eje central de la historia siempre es el mismo. Sin embargo, el realizador adapta con humildad una obra maestra, partiendo del texto original a diferencia de las anteriores (y ya sabemos que el cine y la literatura no son siempre los mejores amigos).

Si bien es verdad que por momentos la cinta se vuelve ilustrativa, también es cierto que, en más de una ocasión, logra sorprendernos. Jacquot logra una puesta en escena que resulta irreprochable y lo hace de la mano de un muy cuidado diseño de producción, que va desde el vestuario hasta el más mínimo detalle sobre una mesa, cama o silla al fondo de alguna escena.

Este veterano realizador había abordado ya el tema de las diferencias de clases, demostrando su atemporalidad. Además ha descrito la dominación y el despertar de la conciencia política de los subyugados, transformándolo en un retrato casi cómico de la burguesía de principios del siglo XX que parece ser fiel al retrato de lo que vemos 100 años después en pleno siglo XXI.

Twitter: @Xurrutia