Viernes 23.10.2020 - 05:59

¿El fin de la guerrilla en Colombia?

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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Después de 52 años de conflicto armado, alrededor de 220 mil muertos, 50 mil desaparecidos y cerca de 8 millones de víctimas, Colombia se acerca al posible final del episodio de enfrentamiento bélico más largo de toda la región: el de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y el Estado. Luego de 4 años de complicadas negociaciones, la semana pasada las partes lograron llegar a un extenso acuerdo de 297 páginas para el cese de la violencia y la construcción de la paz.

Sin embargo, hablar de procesos de paz en Colombia siempre es un tema delicado para la sociedad. A los colombianos les duele la violencia y la tragedia de vivir en un estado de conflicto permanente, pero también les duele escuchar que la negociación propone amnistía para todos los implicados y representación garantizada para los exguerrilleros dentro del poder legislativo, al menos hasta 2026. En una tragedia que ha desgarrado al país y dañado a todos, el perdón parece una medicina muy amarga de tomar.

Para algunos, el crimen no merece más que castigo. Por ejemplo, la obra póstuma de Carlos Fuentes, Aquiles o el guerrillero y el asesino, relata la compleja historia de un Aquiles colombiano, Carlos Pizarro, quien pasara de ser miembro de las FARC a liderar un movimiento guerrillero (el M-19) que, blandiendo la espada auténtica que usó Simón Bolívar, fue responsable de incendiar y asesinar a los miembros de la Corte Suprema de Justicia y otras tantas atrocidades. Después de un proceso de amnistía y de que Pizarro buscara la paz al pasar al lado civil y convertirse en candidato presidencial, fue asesinado en un avión comercial. En palabras de Fuentes: “Murió la voz que les decía a los demás: No sólo soy coraza de guerra. También soy cabeza de paz”.

Entender estos sentimientos se vuelve indispensable cuando los acuerdos de paz necesitan superar un último obstáculo: un plebiscito que se celebrará el 2 de octubre. Dos desafíos saltan de inmediato: por un lado, es necesario que participe, al menos, 13% de la ciudadanía; por el otro, el “No” podría imponerse en la votación. Cuando se pregunta a los colombianos si aceptan que los guerrilleros participen en la vida política del país, el rechazo se posiciona alrededor del 70%. La cuestión cambia un poco cuando se les pregunta sobre los acuerdos de paz en general, pero los resultados son igual de complicados y ajustados para la victoria del “Sí”. Además, no es menor el hecho de que el ex presidente Álvaro Uribe esté al frente de la campaña en contra.

La celebración por parte de la comunidad internacional, y por buena parte de los colombianos, de un acuerdo que podría traer la paz a un país que no la ha conocido en 3 generaciones sin duda es fundada, pero para que prospere, tenemos que ser capaces de entender a la contraparte y dialogar para convencerla. De lo contrario, puede pasar lo mismo que cuando creímos que las desventajas del Brexit eran tan evidentes que no valía escuchar la opinión en contrario.

leonugo@yahoo.com.mx

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