Jueves 1.10.2020 - 06:37

Hace 2 años

Hace 2 años
Por:

José Manuel Herrera

El 18 de mayo del 2009 nació La Razón. En ese entonces la economía estaba en recesión y todos los días desaparecían empresas y se perdían miles de empleos.

Efectivamente, cuando se publicó el primer número de este diario, la actividad económica del país se encontraba en lo más profundo de la recesión: Se desplomaba a una tasa anual de 9 por ciento y se perdían en promedio 100 mil plazas por mes en el sector formal.

En el mundo se gestaba lo que ahora es considerada la primera gran depresión desde la Segunda Guerra Mundial. El Banco de México a cargo de Guillermo Ortiz (hoy presidente del Consejo de Administración del Grupo Financiero Banorte-Ixe) vendía todos los días dólares al mercado para frenar la presión contra el peso. Desde que inició la inestabilidad cambiaria por la quiebra de Lehman Brothers y se disparó la demanda de divisas por las pérdidas generadas con productos derivados entre grandes corporativos, ya se habían utilizado 25 mil millones de dólares de las reservas internacionales.

El dólar llegó a cotizarse hasta en 15.49 pesos y la inestabilidad financiera se trasladaba a los precios de productores y consumidores, con lo cual la inflación anual se elevó hasta 5.98 por ciento.

Precisamente en mayo de ese año, la Secretaría de Hacienda, a cargo de Agustín Carstens (hoy gobernador del Banco de México), inició los recortes al gasto público para enfrentar una pérdida de ingresos que se estimaba ascendería a 480 mil millones de pesos. Y por si eso no fuera poco, se sufría la emergencia sanitaria debido a la influenza que paralizó la actividad productiva en la Ciudad de México.

Dos años después la situación es radicalmente distinta: la economía crece a tasas superiores a 4.0% mientras cada mes se generan en promedio 50 mil nuevas plazas. Los registros en el IMSS se encuentran en máximos, al tiempo que las condiciones laborales mejoran gradualmente. La violencia complica el escenario económico pero todos los días se anuncian nuevas inversiones y se crean nuevas empresas.

En lugar de inyectar divisas el banco central acumula más reservas. Hay relativa estabilidad cambiaria y de precios, y el déficit fiscal se encuentra bajo control.

Han sido dos años intensos… y se pondrá mejor.

manuel.herrera@3.80.3.65

Twitter: @DarkEconomist