Leer contra la nada

Resumen de noticias en los embates del Covid-19
Por:
  • carlos_olivares_baro

“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”: Jorge Luis Borges. Leer es un acto de conspiración, una osadía en estos tiempos de banalidades y compases de fáciles cantinelas. Porque leer no es viajar (lugar común): leer es permanecer inmóvil frente a la extrañeza de las palabras. Danza de equilibrio en la eventualidad de irse a otra parte. Leemos para anular los umbrales: para que las puertas desaparezcan: para entrar a la perpetuidad del tiempo, caminar por sus aristas y morder el vacío.

Leemos por curiosidad y también por anhelo insaciable. Más que un entusiasmo: leer es un acto de conmiseración. / Vi (oí) por primera vez las vocales cuando tenía tres años, y me gustaron: estaban esperándome para que yo las untara con mis creyones azules, rojos, verdes, amarillos y marrones. Silbaban cada vez que yo entraba en sus embocaduras: redondez de la O, fleco de la I, farallón de la U, cordel tridente de la E, perfil de atalaya de la A. Primero, las conocí intensas, mayúsculas; y después, mínimas, minúsculas, huidizas: a, e, i, o, u. Aprendí a juntarlas con las consonantes y llegaron las sílabas y después las palabras y más tarde las oraciones. Y leí. Y me balanceaba en los ecos. Empecé a vivir en la cadencia: “Gracias a la vida que me ha dado tanto. / Me ha dado el sonido y el abecedario, / con él las palabras que pienso y declaro…” (Violeta Parra).

[caption id="attachment_681303" align="alignleft" width="205"] Leer contra la nada Autor: Antonio Basanta Género: Ensayo Editorial: Siruela, 2017[/caption]

Leer contra la nada (Siruela, Biblioteca de Ensayo), del catedrático y escritor Antonio Basanta (Madrid, 1953), es un cuaderno que celebra el acto de la lectura como misión: encomienda de múltiples derroteros y de oscilante apostura. “¿Qué otra cosa es leer sino conjurar el vacío de la nada?”, pregunta Basanta. Y comienza la festividad en este libro de ansias, de espejos en la hojarasca, del albedrío que aspira el hombre decoroso de vivir en lo humano. / Incipit, “La Pasión de leer”, “El ADN de la lectura”, “El cerebro lector”, “En el principio era el Verbo…”, “Cuentas que son cuentos”, “Del lagar a la nube”, “Regreso al futuro”, “La sociedad lectora”, “La rebelión del lector”, “Palabras en el margen”: once apartados que conducen al lector por veredas habitadas de cordiales persuasiones que invitan a la aventura de leer.

Antonio Basanta reafirma la comunión que las palabras albergan en los litorales de la codicia compulsiva de oler la tinta, tragársela con las pupilas hambrientas, con los párpados cómplices del insomnio. Leer. Sí, leer es un apremio, una gestión de voluntariosa afinidad con el ocio que Sócrates avivaba en la Academia. “Leer es como esas cajas chinas que encierran en su interior otras tantas, a veces de manera casi infinita”, precisa Basanta. El libro, antecedente que me lleva a una inicial, que me conduce a otro libro, a un nuevo episodio. Leer contra la nada: una zozobra se sobrepone: no le temo a la muerte. Tengo aprensión por el destino de mis libros: ¿qué será de ellos cuando yo no esté? ¿A dónde mis subrayados: rubricas de mis alucinaciones? El libro, ese confidente que habla con la orfandad del lector. “Vivir cobijado en el palpitar de los textos, en el rumor de las voces que resuenan en ese tiempo de silencio”: esa soledad sonora. Leer.