Lideres de Norteamerica, dialogo entre dispares

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Es, al menos, ingenuo pensar que las relaciones ya sea entre los países o entre las personas ocurren dentro de un marco de absoluta igualdad. La Cumbre de Líderes de América del Norte ha sido un laboratorio político que ha mostrado las asimetrías entre los participantes: pocos acuerdos, muchas exigencias y los temas claves pospuestos.

El Presidente Calderón se había mostrado optimista con el liderazgo de Obama; el primer mandatario afroamericano podría ser más empático a las necesidades y circunstancias de un país como el nuestro.

Desafortunadamente, la prioridad de Obama es limpiar la casa: su principal interés es la reforma de salud –la perla de la administración–; en segundo lugar, la reforma financiera –la gran necesidad frente a la crisis–; después, la reforma energética –frente a las exigencias climáticas– y, en cuarto lugar, queda el tema migratorio. Es claro, una vez más, que sólo somos socios por ser vecinos puesto que las agendas, las posibilidades y los tiempos de uno y de otros, no pueden ser más dispares.

México tenía tres asuntos fundamentales en la mesa: la reforma migratoria, el problema de la seguridad; y, finalmente, la tradicional querella del TLC.

Tras el fracaso en las elecciones intermedias, la administración actual necesitaba un triunfo; otro 5-0 frente a Estados Unidos. Esto no ocurrió. A pesar de las serias exigencias de Calderón –justas y bien planteadas– y de los encantadores discursos de la contraparte, lo más que sacó México fue un ramillete de promesas: el asunto migratorio se discutirá en Noviembre o en Marzo; del TLC se hablará cuando termine la crisis; y de la seguridad cuando el Congreso Norteamericano valide el respeto a los Derechos Humanos en nuestro país. En resumen, a todo diles que sí, pero no les digas cuándo.

La agenda bilateral con Canadá no pintó mejor: Stephen Harper mantuvo su férrea negativa de cancelar el visado para los ciudadanos mexicanos. A cambio ofreció fortalecer el programa de empleo temporal. Además, con una actitud un poco más conciliadora, prometió 15 millones de dólares al continente para apoyar la lucha contra el narcotráfico.

Así las cosas, es claro que la situación geográfica no garantiza la equidad en las relaciones internacionales. Pues las asimetrías aparecen a cada paso: no es lo mismo ser pobre en México que serlo en Estados Unidos; tampoco es igual ser indígena mexicano que indígena canadiense.

No podemos culpar al Presidente Calderón por la derrota de un asunto que nunca estuvo en sus manos. Al final, la geografía es un arma de dos filos; un diagnóstico equivocado en las prioridades de la región tendrá consecuencias inevitables tanto para las partes como para el todo.

politicaltriage.razon@gmail.com

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