Los amigos de La Troca

Reporta SSP Michoacán jornada violenta; suman 6 asesinatos
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Julio César, hermano del Gobernador de Michoacán, Leonel Godoy, solicitó a los perredistas que lo defiendan de los cargos que enfrenta por narcotraficante. Se lo pide, curiosamente, a los mismos que están condenando la captura de un capo dentro de una iglesia.

Es inevitable recordar unos versículos de los Evangelios: “Si vinieron por mí, también irán por ustedes” (Juan 15,20).

En su estrambótica condición de diputado electo del PRD y prófugo de la justicia como líder del cártel de La Familia, Julio César envío la noche del martes a sus colegas electos copia de su expediente judicial para que comprueben que la acusación contra él es injusta.

Mientras, el Gobierno de su hermano protestó contra el operativo del sábado pasado, durante el cual la Policía Federal apresó a Miguel Ángel Beraza, La Troca, otro mando de La Familia, al momento que escuchaba misa en la iglesia del Perpetuo Socorro, en Apatzingán.

Es el mismo Gobierno del que una treintena de ex miembros está preso por vínculos con el narco, incluidos cercanos colaboradores del gobernador Godoy: Citlalli Fernández (asesora), Ramón Ponce (jefe de asesores), Miguel García (Procurador) Mario Bautista (adiestrador de la policía estatal), Jaime Rivera (ex procurador).

Por eso, la censura a lo de La Troca es una hipocresía: el gobernador Godoy, como perredista de la primera hora, fue de quienes se escandalizaron cuando a los hermanos Arellano Félix no se les aprehendió durante su visita a la Nunciatura del Vaticano en el DF, a principios de los ‘90.

La ultraderecha religiosa y la izquierda de callejón que comparten hoy el reclamo de Godoy por la intromisión policiaca en el Perpetuo Socorro, criticaron al entonces presidente Carlos Salinas porque no allanó la

Nunciatura para atrapar a los líderes del cártel de Tijuana.

No entendieron que habría sido un operativo montado al vapor para asaltar (o esperar afuera, daba lo mismo) una embajada copada de personal diplomático y, peor todavía, sin una labor de inteligencia previa que indicara que se trataba de quienes se decía.

Salinas actuó no actuando, que fue lo más apropiado porque habría provocado una matanza en una maniobra militar diseñada en instantes.

Como sea, después capturó a un Arellano (Francisco) y al Chapo Guzmán.

Mientras, en el caso de La Troca hubo un minucioso trabajo de inteligencia durante semanas, lo cual garantizaba un arresto sin riesgos.

Sin embargo, hay ocasiones (y esta es una) en las que no vale la pena emborronar cuartillas explicando un asunto totalmente claro: quienes antes criticaron a Salinas porque no irrumpió en la Nunciatura, y ahora condenan la entrada a la iglesia de Apatzingán tienen dos poderosas razones.

Que no conocían a los Arellano Félix.

Pero La Troca es su amigo.

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