Maduro, por el camino de Pinochet

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Mientras en el resto de los países de América Latina, salvo Cuba, han logrado con mucho esfuerzo

—que ha costado la vida de miles— llegar a la democracia, ayer en medio de una jornada muy violenta se llevó a cabo la votación para la Asamblea Constituyente en Venezuela, un proceso convocado por el presidente venezolano, Nicolás Maduro, para reformar la Constitución promulgada por su antecesor y protector, Hugo Chávez, en 1999.

El primero en votar fue el presidente Nicolás Maduro, quien en cuanto presentó su carnet para escanear el signo QR el registro decía: “la persona no existe”. Un claro reflejo de que este proceso no tiene ninguna transparencia.

Y así fue como salió a declarar el presidente que, “a pesar del terrorismo, Venezuela busca la paz”.

No es verdad, la paz en Venezuela no existe, porque el régimen se ha radicalizado al máximo para provocar una masacre y así justificar perpetuarse en el poder.

Mientras en Venezuela el 89 por ciento de la población hoy vive en pobreza, la corrupción en las altas esferas del poder es notable.

En tanto los venmezolanos se debaten todos los días en las calles para poder sobrevivir, en un país que fue de los más prósperos de América Latina, los hijastros de Maduro se pasean por Madrid gastando miles de euros.

Euros que provienen de una Venezuela con cientos de presos políticos y en donde tan sólo las últimas semanas han muerto 125 personas.

Desde que Maduro anunció su intención, el pasado 2 de mayo, la oposición venezolana afirmó que la boicotearía al considerar que supone la consumación de una “dictadura”.

Los opositores han dicho que el método de votación de la Constituyente es engañoso, pues al no haber una representación proporcional según la población de los municipios, el chavismo buscaría sacar ventaja en zonas rurales apartadas donde aún mantiene una aprobación significativa.

Esta Constituyente lo que busca es evadir las elecciones, sobre todo las presidenciales que serán en el 2018. Quieren disolver las instituciones que no apoyan al actual gobierno de Maduro, como el Congreso y la Fiscalía.

Tenemos corta memoria, eso es exactamente lo que han hecho tantos dictadores en América Latina. Aquellos que han lastimado tanto a su país y se han enriquecido a costa de sus gobernados.

Está el caso de Chile con Augusto Pinochet, quien estuvo en el poder entre 1973 y 1990. En 1972 se le designó comandante en jefe del ejército y gracias a esto fue que protagonizó el golpe de Estado de septiembre de 1973, que culminó con el derrocamiento y la muerte de Allende. Como jefe de la Junta de Gobierno, pronto limitó la actividad política y su régimen de represión y autoritarismo. En 2011 el gobierno chileno reconoció que en la dictadura de Pinochet hubo 40 mil víctimas.

En Paraguay, Alfredo Stroessner, quien en 1954 derrocó al presidente Federico Chávez Careaga en un golpe militar y asumió la presidencia tras unas elecciones, en las que era el único candidato.

Se quedó en la presidencia promulgando una nueva Constitución en 1967 y reformando ésta en 1977 para crear dispositivos legales que permitieran la prolongación de su mandato, hasta que fue derrocado en 1989 por un golpe militar dirigido por el general Andrés Rodríguez.

En Bolivia tuvieron a Hugo Banzer, quien en dos ocasiones fungió como presidente (1971-1978 y 1997-2001). Con el apoyo del Movimiento Nacionalista Revolucionario, la Falange Socialista, Estados Unidos, Brasil y Chile dirigió su país con muchas restricciones. Otro golpe militar lo retiró del poder en 1978. El 1 de junio de 1997, Banzer venció en las elecciones presidenciales y volvió a actuar de forma dictatorial al decretar un estado de sitio el 8 de abril de 2000, con objeto de detener la oleada de protestas.

En República Dominicana estuvo Rafael Leonidas Trujillo, quien se mantuvo con el poder “de facto” de 1930 hasta 1961, aunque a veces la presidencia fuera ocupada por sus colaboradores.

En Nicaragua el dictador Anastasio Somoza fue responsable de miles de muertes. Tomó el poder en 1937 y durante los siguientes 20 años gobernó el país de forma dictatorial. Tras ser asesinado en 1956, le sucedió su hijo mayor, Luis Somoza Debayle. Su otro hijo, Anastasio Somoza Debayle, también ocupó la presidencia de la república ejerciendo una cruel dictadura.

Otro nombre que debe agregarse a la lista es Manuel Antonio Noriega, un militar panameño, al que un jurado de Estados Unidos declaró culpable de tráfico de drogas, crimen organizado y lavado de dinero. Gracias a su amistad con Omar Torrijos ascendió rápidamente y fue nombrado jefe de los Servicios Secretos cuando Torrijos tomó el poder en 1969. En 1983 Noriega se ascendió a sí mismo al grado de general y se hizo con el control efectivo del gobierno panameño.

En Argentina tuvieron un periodo de terror orquestado por los militares liderados por Jorge Rafael Videla, quien el 24 de marzo de 1976 dio paso a una cruenta dictadura de siete años. Durante la gestión de Videla hubo por lo menos 30 mil desaparecidos y cientos de muertos.

La época de las dictaduras en América Latina, pensábamos que ya había pasado.

Maduro ahora busca perpetuarse en el poder, sin comprender que él ya es parte del pasado.

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