Pinocho y la verdad alternativa

Emociones y decisiones
Por:
  • rodolfoh-columnista

Ante el cúmulo de mentiras, verdades a medias y afirmaciones tajantes que con toda soltura dicen gobernantes, candidatos y hasta renombrados intelectuales y corsarios de la transparencia, ya va siendo hora de tener un “verificador de la verdad”. Es decir, una herramienta informática administrada por un ente imparcial y socialmente reconocido; pero el problema es que cada día cuesta más trabajo encontrar esa figura.

Pero en fin, imaginemos por un momento algunos de los hechos sujetos a ser corroborados. Respecto al colegio Rébsamen, Claudia Sheinbaum afirma:

“La delegación Tlalpan subió completita toda la información...”

“El compromiso de transparencia de mi parte siempre ha existido…”

Éste es sólo un ejemplo de los muchos que podríamos citar de políticos y aspirantes de todos los partidos diciendo flagrantes mentiras o verdades muy forzadas.

Si bien a los fanáticos les da lo mismo si sus líderes les mienten en la cara o no, para otro tipo de ciudadano o elector, la herramienta sí que serviría para moderar el criterio. Ahí tenemos a Donald Trump, a quien el diario The Washington Post le ha contabilizado la impresionante cifra de 2,436 mentiras o afirmaciones engañosas en un solo año de gobierno.

Si aplicáramos algo así, el primer lugar en el “índice de Pinocho” se lo estarían disputando cada semana nuestras figuras públicas. ¿Se imaginan habérselo aplicado en su momento a Marcelo Ebrard?

“Yo soy un hombre que vive al año con...

2.5 millones de pesos”, afirmó en una entrevista. Sin embargo, si volteamos a ver su estilo de vida, seguramente la nariz del hijo de Geppetto crecería de forma escandalosa.

Y aquí desde luego me centro únicamente en la política y los gobernantes locales; ahora imaginemos el éxito que se obtendría aplicando esto a nivel nacional. Yo creo que no dejaríamos títere con cabeza.

Pero continuando con los ejemplos, el tabasqueño exjefe de gobierno ha dicho:

La fuerza principal de Morena radica en su autoridad moral. Y bueno, ni qué decir de su famoso no robamos, no mentimos, no traicionamos. Bastaría con preguntarle al exdelegado Ricardo Monreal cómo le fue con eso. Pero ya con Víctor Hugo Romo, Bejarano, Napito, Nestora y demás infantería de esa calaña en sus filas, el sistema colapsaría y no habría un Bartlett que lo pudiera levantar.

Pero debemos intentarlo, aventurarnos a exhibir al embustero. Sobre todo para que les quede bien claro que nuestra sociedad ha cambiado, que no es la misma de antes. Y es que a algunos como Borge, Duarte, Padrés y demás impresentables que hoy están tras las rejas, les pasó de noche el hecho de que vivimos en una sociedad abierta y que las cuentas se tienen que rendir tarde o temprano.

Quien quiera que salga triunfador en la ciudad, más le vale tener presente que ya no podrán comprar llantas cuadradas para los vagones del Metro e irse a vivir a París así, sin más. Lo mismo aplicará para los 16 nuevos alcaldes que tendremos.  Debemos dejar bien claro que los ciudadanos ya no seremos más los títeres de la clase política.