Relatos salvajes capitalinos: narcobloqueos en Tlahuac

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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Hace veinticinco años James Carville, un estratega del equipo de Bill Clinton, propuso una frase prístina, diáfana —it’s the economy, stupid—, durante la campaña presidencial de 1992 contra George Bush padre, de esas que quedan en el imaginario colectivo. Se trató de un nocaut en la mercadotecnia política, que contribuyó a llevar a Clinton a su primera presidencia en 1993 y que ha sido parafraseado recurrentemente desde entonces.

Si bien en la Ciudad de México de un tiempo a la fecha se han presentado distintos hechos violentos, lo ocurrido en la última semana, y particularmente con los llamados narcobloqueos de Tláhuac, indica que se ha rebasado un límite. Sin ánimo de ofender, capaz que ya es tiempo de llamar a las cosas por su nombre.

 Relatos salvajes capitalinos. El nuevo ciclo de violencia se inauguró a principios de la semana pasada en el barrio y el mercado de Santa Julia. Un grupo de “justicieros” se encarga de cobrar derechos de piso y extorsionar en la zona de influencia que alega “defender”. El punto de quiebre vino el jueves 23, con el enfrentamiento en Tláhuac que llevó al abatimiento de la cabeza de la organización criminal, entre otros, y a la captura de diversos integrantes. Las imágenes que trascendieron de dicho operativo, en el que participó de manera eficiente la Marina —como suele hacerlo—, evidencian la dimensión del arsenal la capacidad bélica, de organización y de rápida reacción y defensa de los delincuentes. No faltó ningún elemento de los narcobloqueos que se habían visto en otras latitudes del país. Se trata, pues, de una organización criminal que tiene asolada a buena parte de la población del suroriente de la ciudad; la misma que ha sido señalada, desde hace tiempo, de ser la responsable de distribuir drogas en la Ciudad Universitaria de la UNAM. No sólo las autoridades capitalinas, sino también las de la delegación, tienen mucho qué explicar. Y, para cerrar la semana, la balacera en Iztapalapa que dejó dos muertos y una decena de heridos.

 Discusión bizantina, realidad inobjetable. Las autoridades capitalinas han reconocido que, si bien hay acciones delictivas y criminales, no está en juego una cierta “burbuja de seguridad” en la Ciudad de México. Con argumentos esencialmente de competencia de autoridades y de tamaño relativo de las acciones criminales, el Jefe de Gobierno ha negado enfáticamente la presencia de cárteles en la capital del país. Si bien no se ponen en duda los esfuerzos que las autoridades de la ciudad hacen para mejorar las condiciones de seguridad de los que vivimos aquí, es un hecho que la percepción colectiva es que la ciudad se está haciendo más insegura, y que el avance de las organizaciones criminales —individuos, bandas, pandillas o cárteles— sigue en aumento.

Probablemente tengan razón quienes dicen que es irrelevante la discusión sobre el título de las organizaciones criminales. No lo es para aquellos asesinados, quemados en el transporte público, que sufren extorsiones y asaltos, o que experimentan cualquier otro tipo de violencia.

hvives@itam.mx

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