Trump: la política del caos

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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Cuando creemos que Trump ya nos ha escandalizado lo suficiente y que su campaña, por fin, ha tocado fondo: una nueva e impredecible declaración azota los titulares. En la espiral de irracionalidad en la que se ha sumido desde su desastrosa actuación en el primer debate hasta hoy ha habido de todo, desde acusaciones de acoso sexual hasta llamados a que se defienda el voto contra el fraude electoral orquestado en su contra.

Cada cosa que ha hecho este personaje es gravísima por sí misma: desde atacar a las víctimas que lo acusan usando más y más lenguaje denigrante, discriminatorio y misógino —como si las acusaciones no consistieran en eso mismo— hasta insinuar que los medios están boicoteando su campaña y pedir un examen de detección de drogas para Clinton. Cada cosa que ha dicho afecta el entramado social e incita a la división y el odio. Sin embargo, las últimas oleadas de su iracundo Twitter y sus discursos enardecidos encaminados a preparar el terreno de la desconfianza por fraude electoral, son harinas de otro costal.

Minar la confianza de los ciudadanos en su sistema electoral puede ser una de las estrategias más bajas y peligrosas del libro de juego de la política. En Estados Unidos, principalmente, jamás —al menos no desde tiempos de la Guerra Civil— se ha dudado de una falla sistemática que pueda poner en peligro la legitimidad de la democracia misma. Trump está jugando con fuego.

Algunos analistas afirman que está preparando su “salida digna” de la elección. Un narcisista no puede aceptar la derrota. Trump, como lo ha dicho hasta el cansancio, nunca pierde. Así que, si no gana, no será su culpa, será un fraude. Esta justificación infantil hace sentido con su comportamiento, pero puede ir mucho más allá en las consecuencias.

La campaña de Trump se ha basado en aprovechar el odio, el resentimiento y la desesperación de un sector del electorado que no tiene nada que perder. Sus propios slogan se basan en eso. Ahora, habiendo sembrado el odio y la confrontación, habla de fraude y pide “defender” el voto. Su retórica puede desatar fácilmente la violencia.

Mike Pence ya ha tenido que lidiar con seguidores que se dicen listos para tomar las armas e ir a la “revolución”. Este político ha hecho malabares para explicar “lo que Trump realmente quiso decir” y está tratando de moderar y apagar fuegos. Sin embargo, Trump a cada rato lo contradice y la gente no entiende las sutilezas de Pence. Es una irresponsabilidad mayúscula el que este personaje siga apoyando las insensateces de su candidato y que se siga diciendo “orgulloso” de estar a su lado.

Trump no está dispuesto a hundirse solo. Se irá causando todo el daño posible. ¿Podrá Hillary gobernar luego del caos?

msalomonf@gmail.com