#VivasNosQueremos

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Por:
  • mauriciof-columnista

A una semana de la marcha contra la violencia de género en unas 40 ciudades de 26 estados del país, sigue resonando en la conciencia nacional el testimonio, el grito, el canto, el derecho: vivas nos queremos. Es lamentable que este movimiento sea indispensable, pero lo es debido al infortunado aumento de abusos contra las mujeres. Diversos estudios muestran de manera consistente que más de la mitad de las mexicanas ha enfrentado violencia. Según un estudio del organismo internacional Declaración de Génova, México se encuentra entre los 25 países del mundo con mayor violencia contra la mujer. Hay cálculos de que cada hora se cometen 68 delitos sexuales en el país, aunque la mayoría jamás se denuncia.

En ese contexto brutal, es de celebrarse que el Movimiento Nacional contra las Violencias Machistas tenga muchas y muchos participantes, pero podemos y debemos ser más. Más y más hasta ser millones y decenas de millones. Hay que demostrar que nuestra mayoría es aplastante frente a quienes agreden y asesinan a niñas, adolescentes y mujeres. Hay que rescatar el respeto como fórmula de convivencia. Hay que detener el deterioro social que amenaza a las mujeres y por tanto a todos. Hay que crear un entorno en el que todas vivan en paz, con libertad y sin agresiones.

Uno de los más desgarradores aspectos de los testimonios compartidos en redes sociales bajo el hashtag #MiPrimerAcoso (usado más de cien mil veces en los últimos días) es la soledad que sienten quienes padecen abusos y quienes los denuncian, el muro de incomprensión e incluso de desprecio machista que se eleva para aislarlas en su dolor.

Suele ocurrir en las redes sociales que las denunciantes reciban una inusitada e inexplicable oleada de ataques y amenazas, en ocasiones por parte de otras mujeres. Tenemos que frenar esta sinrazón. Hay que demostrar a todas ellas que no están solas. Y hacerlo por un principio esencial de equidad, de respeto y de viabilidad social. Ello nos interpela y nos comanda a acompañar a las mujeres en este movimiento. A nadie que defienda sus derechos debe dejarse solo. Lo mismo si se trata de niños o periodistas que de migrantes o indígenas, de familias o de grupos que padecen injusticia o violaciones a sus derechos humanos.

La violencia en contra de las mujeres debe contenerse y hacerla retroceder hasta que su libertad de tránsito, su derecho a una vida con goce y ejercicio de derechos y su acceso a la justicia y su tranquilidad sean cotidianos, regla sin excepción, conquista de todas y todos.

En la reciente marcha en la Zona Metropolitana del Valle de México, desde Ecatepec hasta el Monumento a la Independencia, algunas mujeres iban acompañadas de sus parejas, amigos e hijos; otras preferían apartar a los varones que se habían incorporado o querían integrarse al contingente. Cada quien su idea. La mía es que hay que proteger y defender juntos los derechos de todas y todos. Excluir es restar y dividir; quizás hasta enfrentar. Lo que fortalece es la suma. Como decían algunos carteles en la marcha: “No lo hagas por tu madre, por tu hermana o por tu hija; hazlo porque somos iguales”. En efecto, aunque los argumentos detallados son valiosos, se trata de una cuestión de principio, de justicia elemental, de derechos humanos, que son universales, sin distingos.

Hacer valer los principios de respeto y convivencia nos fortalecerá como sociedad y contribuirá a crear un entorno de respeto general. Ello hará más visible al que quiera abusar de una mujer, al que cometa un delito en su contra y al servidor público que no cumpla sus responsabilidades de protección y seguridad o de procuración e impartición de justicia. Todos ellos deben ser castigados conforme a derecho. Sólo con unidad y determinación podemos lograr la equidad que demanda #VivasNosQueremos.

Twitter: @mfarahg

Secretario general de la Cámara de Diputados y especialista

en derechos humanos.