Infografía Carlos López
Aunque Albert Einstein no habló hasta los tres años y fue un mal estudiante consiguió crear la teoría más importante del siglo XX, la de la relatividad; el secreto de su inteligencia podría enfocarse en las características físicas de su cerebro.
De acuerdo con un estudio de la Universidad de Florida, publicado en la revista Brain, la materia gris del genio alemán es diferente a la de los simples mortales, esto a pesar de que el coeficiente intelectual del físico no superaba los 160 puntos (el máximo alcanzado es de 228 por Marilyn vos Savant).
La investigación, dirigida por Dean Falk, destaca que el cerebro tenía un patrón inusual de surcos y crestas en los lóbulos parietales, lo que sugiere una reorganización de las áreas asociadas con la cognición matemática, visual y espacial.
“Aunque el tamaño y la forma asimétrica del cerebro de Einstein eran normales, el prefrontal, el sistema somatosensorial, el córtex motor primario y las cortezas parietal, temporal y occipital eran extraordinarias”, destacó Dean.
El estudio se realizó a partir de 14 imágenes tomadas en 1955. Fue el doctor Thomas Harvey quien, poco después de la muerte del físico, solicitó el permiso para conservar el cerebro del genio para estudiarlo. Dividió el órgano en 240 bloques para su análisis y lo distribuyó a 18 científicos. Pero fue hasta 1985 que se obtuvieron los primeros resultados.
La neurocientífica Marion Diamond, de la Universidad de California en Berkeley, descubrió que el cerebro de Einstein tenía más células nutriendo a cada neurona de la región asociada con la capacidad matemática y lingüística.
Tras seis estudios (de 1985, 1996, 1997, 1999, 2006, 2007 y 2009), ahora destacan que la parte del cerebro de Einstein asociada al razonamiento visual y espacial era 15% más grande que lo normal, lo que favorecía la capacidad matemática del genio.
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