Ilustración Francisco Lagos La Razón
Hoy se conmemoran 75 años del fallecimiento de Sigmund Freud, aquel hombre que junto a Charles Darwin y Karl Marx ayudó a entender el comportamiento del ser humano.
Tres teorías: la darwiniana, la marxista y la freudiana, tres ideas totalmente diferentes, que explican el origen de la conducta del hombre. La primera asegura que en este mundo sólo “sobrevive el más fuerte”; la segunda indica que “la conciencia es un producto social”, es decir somos lo que la sociedad nos inculca y nos permite, y la última, basada en los sueños, “nos dice que todo lo que el hombre imagina es realmente lo que es y lo que desea”.
“Lo que tienen en común estas tres propuestas es que han revolucionado la forma de entender al hombre. Con Darwin dejamos de ser hechura divina para ser el resultado de un sistema evolutivo. Marx transforma la forma en la que el ser humano se concibe. Y Freud hace la propuesta del inconsciente: El hombre no es el dueño de su propia casa. Ellos nos han dado tres cachetadas al narcisismo de la humanidad”, comenta en entrevista con La Razón la doctora y profesora de la Universidad Autónoma de México, Irene Aguado Herrera.
A más de siete décadas de su fallecimiento, a causa de una sobredosis de morfina inyectada a pedido del mismo Freud, pues no toleraba el malestar del cáncer en la boca, el legado del padre del psicoanálisis es un tema de discusión.
“La propuesta de Sigmund Freud, a principios del siglo pasado, contempla el concepto del inconsciente; esto quiere decir que los sujetos actuamos, pensamos y sentimos sin saber las razones que están detrás de esto. En función de eso la propuesta clínica que hace es un trabajo que se llama proceso psicoanalítico. Analiza a su familia y se da cuenta de lo que unos llaman causas ocultas. Por ejemplo, que el sujeto puede sufrir y que no sabe la razón, en realidad sí la conoce, pero la asocia con sus sueños o la imaginación, con su sentir real”, declara Irene Aguado.
Este pensamiento fue rechazado en más de una ocasión, así como su teoría de que la felicidad no era sino la realización de un deseo infantil, pues es en esta etapa cuando en el hombre se presentan los primeros deseos sexuales, expuestos bajo el complejo de Edipo.
“Él en sus inicios fue criticado por sexualista. Por proponer que los niños también tenían ese deseo de sexualidad y que lo disfrutan y partir de su afecto con los padres. Por ello Freud retoma la tragedia de Edipo Rey y dice: ‘Claro que el sujeto en su momento odia a su padre y quiere casarse con su madre’. Lo retoma de sus experiencias”, apunta el investigador de la UAM Xochimilco Jesús Limeta.
Con aquellos parámetros, aquel hombre que gozaba de fumar puros creó, en 1902, la Sociedad Psicoanalítica de Viena. En 1905 el neurólogo publicó Una teoría sexual, el libro que lo ubicó en la escena internacional como un “monstruo obsceno y obseso”, por indicar que la sexualidad se marcaba desde los primeros años del hombre. Su teoría sobre la sexualidad infantil y el psicoanálisis lo llevó a ser considerado, hoy en día, uno de los más importantes intelectuales del siglo XX.
Freud murió sabiendo que sus ideales seguían peleando por tener credibilidad, pero dejó a un grupo de representantes en el mundo de las artes, como André Bretón, Luis Buñuel, Salvador Dalí y Alfred Hitchcock, para que continuaran impulsando su legado, pues como él lo dijo antes de morir: “no dudo que la humanidad superará incluso esta guerra, pero sé positivamente que yo y mis contemporáneos no volveremos a ver ya un mundo gozoso”.
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