Pasó un siglo: los constituyentes nunca vieron sus cinco mil pesos

Foto: larazondemexico

Los hombres que hicieron la Constitución eran diversos: unos habían forjado su conocimiento a base de libros en los que se encontraron con los pensamientos de Aristóteles, Voltaire, Descartes...; otros, entendieron el funcionamiento de la sociedad en el trabajo diario, en el campo y en la todavía joven industria: todo su bagaje conformó lo que sería la Carta Magna más avanzada de aquella época. El gobierno prometió recompensarlos; no obstante, pasó mucho tiempo para que el decreto fuera firmado y aun así los cinco mil pesos ofrecidos nunca llegaron.

Fue hasta la presidencia de Lázaro Cárdenas, en los años 30, cuando el decreto fue signado, pero los constituyentes nunca vieron ni exigieron el dinero, ellos consideraban que no necesitaban esa remuneración: su verdadero interés era la nación.

Sin embargo, la muerte de los primeros compañeros desveló la precaria situación en la que algunos vivían y las dificultades para cubrir los gastos funerarios. La Asociación de Diputados Constituyentes de 1916-1917, creada con la idea primordial de velar por la Carta Magna, descubrió que la única manera de que sus miembros salieran adelante era cuidarse los unos a los otros.

La hermandad entre los constituyentes fue remarcable. Hombres comunes que dejarían evidencia grabada en el tiempo de los lazos que fortificaron hasta sus últimos días y en el que también se asoma el humor.

“El día de hoy dio a luz la señora Patria, esposa del caballeroso Pueblo… La afligida madre, aunque tuvo un parto doloroso, ha dicho que la niña se va a llamar Constitución… el padrino va a ser el ciudadano Venustiano Carranza, que no sabemos qué le va a regalar a la comadre”, se lee en uno de los textos humorísticos escritos para el diario El zancudo. En esas cuatro ediciones, realizadas durante el proceso de creación dieron cuenta del hecho desde otra perspectiva.

Rosario Páez, curadora y especialista del archivo generado por los diputados constituyentes, expresa que los documentos revelan a hombres respetuosos de la diferentes ideologías e incluyentes. Si bien no todos desarrollaron la misma trayectoria ni en la política ni en la literatura, y aún en la notoria diversidad del conjunto, destaca la preocupación por el pueblo, el reconocer una constitución por y para todos los mexicanos.

Ahí estaban Amilcar Vidal, de Chiapas, quien estudió en EU y regresó a México para trabajar en la secretaria de Fomento; y Dionisio Zavala, que sólo cursó hasta cuarto año de primaria, pero fue líder de mineros en San Luis Potosí, y gracias a sus conocimientos colaboró con puntos básicos en las necesidades de los trabajadores, algo que se vería reflejado en dos de los artículos más importantes: el 27 y 123.

“Ellos representan los aspectos de la sociedad, la pluralidad”, afirma Paez, y precisa que fue gracias al respeto entre ellos y sus diferencias que se asoma un interés real por las problemáticas de antes y después de 1917.

Fueron aproximadamente 150 constituyentes, de 218 que participaron en la Asamblea de Querétaro, quienes en el inicio se inscribieron a la asociación con la idea de ser vigilantes de las leyes y su adecuada ejecución. El último integrante vivo fue el profesor Jesús Romero Flores, que murió en 1987. No sin antes dejar un importante legado del conjunto: “escribió la Historia del Congreso Constituyente de Querétaro, donde va dando cuenta de cada uno de sus compañeros, contando su historia, de dónde eran, a qué se dedicaban.

Él atestiguó como se apagó la flama del grupo con la muerte de cada uno”, afirma Páez.

Documentos que cuentan todas estas historias y evidencian el carácter humano de aquellos hombres responsables de la Carta Magna conforman la exposición Diputados Constituyentes de 1916-1917 y su Asociación, en el vestíbulo del Fondo reservado de la Biblioteca Nacional de México hasta el 3 de marzo próximo.

Temas: