El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) recordó, ayer domingo en la Sala Manuel M. Ponce, al poeta Octavio Paz (1914 – 1998) a 20 años de su fallecimiento. Evento que se suma a las actividades que realiza la coordinación nacional de Literatura del INBA durante todo el año para rememorar la muerte del Premio Nobel de Literatura 1990.
En una mesa moderada por Geney Beltrán —titular de la coordinación nacional de Literatura del INBA—, los poetas Ricardo Yáñez, Sergio Mondragón, Pura López Colomé y Alberto Ruy Sánchez, escoltados por el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma y la ensayista Fabienne Bradu leyeron versos del autor de Libertad bajo palabra y, asimismo, hicieron referencias a algunos momentos de la vida política del también ensayista, editor y traductor, considerado el intelectual más importante del siglo XX en México.
Si queremos acercarnos a la vida de Paz, basta con entrar a sus imágenes poéticas. Poemas como Vuelta y Pasado en claro revelan episodios de su infancia y adolescencia en Mixcoac. En 1931, con sólo 17 años de edad, publicó sus primeros quehaceres con las palabras en la revista Barandal: inicio de una trayectoria que dejó huellas definitivas en las letras hispanoamericanas.
Los escritores convocados ayer hicieron énfasis en esas particularidades del autor de “No pasaran”, un cántico social publicado en 1936, en las circunstancias de la Guerra Civil española, por el joven poeta que mereció el reconocimiento de Rafael Alberti, Nicolas Guillén y Pablo Neruda, entre otros intelectuales de aquellos años.
“Me interesa el Paz en su tránsito por la India. Ladera Este es un libro fundamental de la literatura castellana”, apuntó Fabienne Bradu y dio lectura a “El balcón” (“Quieta / en mitad de la noche / no a la deriva de los siglos...”) y “Por los caminos de Mysore” (Rocas azules, llanos colorados, / cárdenos pedregales...”).
“Él sentía que esa era su vocación, la de arqueólogo [...] esta reflexión constante entre la palabra y la poesía era constante en el escritor”
Alberto Ruy Sánchez
Escritor
Pura López Colomé expresó su interés en el manejo del tiempo que hace Paz desde la insistencia de la búsqueda del “presente perpetuo en lo histórico, lo poético y lo erótico”, y dio lectura a “Palabras en forma de Tolvanera”, un poema dedicado a José Emilio Pacheco que forma parte de Vuelta (1969 – 1975): “palabras del poema / no las decimos nunca / El poema nos dice”.
Sergio Mondragón destacó la fuerza y el vigor lingüísticos de las estrofas de Paz, mientras que Eduardo Matos Moctezuma refirió cómo el autor de Árbol adentro “supo conjugar la relación entre ‘vida-muerte’, asunto clave del pensamiento prehispánico”. Por su parte, Alberto Ruy Sánchez realizó una breve glosa por “Como quien oye llover” (“Óyeme como quien oye llover, / ni atenta ni distraída, pasos leves, llovizna, / agua que es aire, aire que es tiempo...”).
El Dato: Alberto Ruy Sánchez refirió que Paz le confesó que antes de ser escritor el Nobel deseó ser arqueólogo, que esa era su verdadera vocación.
En la conclusión del acto, Agustín Yáñez confesó: “Lloré con un poema por primera vez en mi vida cuando leí ‘Piedra de sol’. Todavía la emoción me gana. Octavio Paz es nuestra conmoción en la respiración de la belleza”. Y con lágrimas en los ojos recitó los versos finales de un texto clásico de la lengua castellana: “... un chopo de agua / un alto surtidor que el viento arquea / un árbol bien plantado mas danzante”... El público presente en la Sala Manuel M. Ponce coreó junto con Yáñez: “un caminar de río que se curva, / avanza, retrocede, da un rodeo / y llega siempre:” Presencia de un poeta ineludible.
Libertad bajo palabra
Viento
Cantan las hojas,
bailan las peras en el peral;
gira la rosa,
rosa del viento, no del rosal.
Nubes y nubes
flotan dormidas, algas del aire;
todo el espacio
gira con ellas, fuerza de nadie.
Todo es espacio;
vibra la vara de la amapola
y una desnuda
vuela en el viento lomo de ola.
Nada soy yo,
cuerpo que flota, luz, oleaje;
todo es del viento
y el viento es aire
siempre de viaje…
Silencio
Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.