Miércoles 25.11.2020 - 19:39

In memoriam Jaime Augusto Shelley 1937-2020

Jaime Augusto
Jaime AugustoFoto: Especial
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Un aspecto importante en la doctrina moral de Aristóteles es su teoría de que cada virtud del hombre debe ser considerada como justo entre el exceso y la privación. Un ejemplo del filósofo griego era decir que el valor es el justo medio entre la cobardía y la temeridad, la libertad un justo medio entre la avaricia y la prodigalidad. Pero, para él, el más alto bien humano “no se encuentra en la vida política, ni en cualquier otra forma de actividad práctica, sino en la investigación teórica y en la comtemlación de la verdad”. Es decir, sólo ahí encontramos la felicidad plena y continua, pues es ella la parte más elevada del hombre.

Jaime Augusto Shelley (Ciudad de México, 1937-2020), encontró en la poesía y la forma de reflexión plena. Gracias a ello es hoy una de las personalidades más definidas de las letras mexicanas. Ello se insinuaba desde su libro La rueda y el eco (en La espiga 1960), confirmándose luego con La gran escala (1961), Canción de las ciudades (1963), Himno a la impaciencia (1971), El abuso de poder (1987), Horas ciegas (1987), Patria prometida (1984-1995). Ha estos libros hay que añadir otras

colecciones poéticas, entre libros de antologías y plaquettes, que hacen un total de 17. En el marco de los otros géneros, tiene la obra ya mencionada Hierofante, ensayo sobre la vida de Percy Bysse Shelley; La gran revolución, obra de teatro acerca de la revolución francesa (puesta en escena por la compañía de teatro universitario de la UNAM en 1977); La edad de los silencios, libro de prosa varia, y una versión al español —que acompaña un estudio bibliográfico— de T.S. Eliot, La canción de amor de J. Alfred Prufrock y Los hombres huecos. Ha sido co-guionista y guionista de cine (el ejemplo más destacado es su participación como co-guionista del filme El recurso del método, producción fraco-cubano-mexicana dirigida por Miguel Littin); además, ha desenvuelto su larga carrera de escritor aparejada en la doctrina en diferentes instituciones

Podríamos hablar de una obra y no acumulados, pues en Shelley se percibe desde su primer texto hasta el más reciente, no únicamente la voluntad creadora, sino la convicción misma del poeta. En Poesía en movimiento se dice de él que "cada poema engrendra su lenguaje, su ritmo, y un sistema peculiar de relaciones sintácticas. Esa invención verbal constantemente renovadora hace de Shelley uno de los poetas que mejor representan la tradición de la aventura”. Esto es cada uno de sus libros, está planteao como parte de una reflexión total del autor, sin la cual no podría desplazarse libremente.

Shelley al lado de Juan Bañuelos, Jaime Labastida, Óscar Oliva y Eraclio Zepeda, crearon el gripo de La espiga amotinada , y del cual Octavio Paz decía:” Sin someterse a los necios preceptos del “realismo- sociatista”, los cinco han declarado que para ellos el ejercicio de la poesía es inseparable del cambio de la sociedad. Esta pretensión, en la segunda mitad del siglo XX, puede hacer sonreír. Por mi parte, creo inclusive que si se estrellan contra el famoso muro de la historia, pensar y obrar así es un punto de honra para cualquier poeta y más si es joven." El grupo se dispersó y algunos de ellos "publican poesía intermitentemente. Su propuesta social y política fue pal-mariamente rechazada". Sin embargo, Jaime Augusto Shelley dice del grupo: "Esos ideales no han cambiado, pero los caminos seguidos por los cinco son diversos, y así se acordó desde el principio, que cada uno elegiría su ruta. En 1957 teníamos mucha energía, pero no sabíamos para dónde correr; sabíamos de una manera vaga que al final del túnel había una luz, pero eso era todo. La otra era inviable, era una confrontación abierta contra el sistema, no porque no tuviéramos razón, sino porque no teníamos las condiciones políticas, económicas y sociales".

¿Cómo fue el México que vivieron los cinco "jóvenes poetas" en aquellos años?

—En aquel tiempo por primera vez se confrontaron los trabajadores —ferrocarrileros, maestros, electricistas— con el Estado, y afuera la Revolución Cubana. Es decir, el sistema no dejaba un solo agujero por el cual pudiéramos filtrarnos. Todos estábamos de acuerdo en que íbamos a afiliarnos a la revolución, pero la manera de hacerlo era decisión individual.

¿Hubo algún planteamiento cultural interesante que ustedes propusieran...?

—No, no lo hicimos porque somos distintos, somos cinco maneras de hacer poesía. Las tonalidades de las posiciones siempre han sido diversas. Creo que estábamos en un país que to-davía no encuentra su definición política e ideológica con respeto al imperialismo, a América Latina. Se hacen gestos, pero en realidad en México no hay cambios, no tenemos nuevas pro-posiciones. Nos estamos repitiendo en la misma receta, una y otra vez. Nos quedamos atrás.

Muchos planteamientos nos unieron y siguen existiendo la posibilidad de cinco posiciones, y de seguir siendo una representación de unidad en un país donde sus izquierdas se atomizan cada tres años, cada seis, y pelean por posiciones personales y por manejos distintos de estrategia. Creo que La Espiga es una lección para la izquierda, en el sentido de cómo estar unidos sin perder cada quien su derecho a la crítica y al análisis, y sobre todo el respeto a los demás.

Jaime Augusto

¿Qué pasó con los poetas de las demás regiones, por qué tanta indiferencia?

—Los poetas, intelectuales y artistas fueron condenados a seguir siendo la juventud que aspira a, que lucha por, y se fortaleció la estructura conservadora, poco decimonónica, que siguió figurado como el arte y la literatura en México. Me gustaría pensar que la generación que viene (y que es la tuya) que se está formando, ha tenido que da un salto enorme para recuperar lo que destruyeron en el 68; que tenga una función de ser dos veces pendiente, dos veces preparada para asumir el derecho del pueblo mexicanano a ser libre y arquitecto de su propio destino, con una verdera democracia que modifique toda la estructura del poder, en este caso la creación y difusión de la cultura que sigue siendo paternalista, autoritaria y que sigue propiciando una mediocridad para mantener el poder. De lo contrario, el país seguirá profundamente atrasado y no va a cristalizar ni a realizarse socialmente.

En su libro Patria prometida 1984-1995, Shelley nos presenta un un discurso personal enfocadoal tema de la ciudad. Así, natalicio, ifancia, madurez, muerte, calles, ciudad, aportan un camino paralelo a la importancia de una visión íntima. Para el poeta la ciudad es un mundo narrable, y se constituye de ausencias, recuerdos que aparecen aquí y allá.

Hablo de una ciudad

que para nacer

tuvo que morir.

Ciudad venida del llanto y las

(cenizas

que aprendió a hablar, con sus

(muertos

en distinto idioma.

Aquí nací.

Y aquí me reconozco:

grano de salitre y pólvora.

En este juego de imágenes el poeta identifica a su tierra, al mismo tiempo acerca al lector a una reflexión sobre la Patria perdida:

Por amor, canté.

Ahora me he quedado mudo.

Aunque nadie escucha.

Lo que fue, ya no es.

Lo que sí, a quién le importa.

Hablo de un pueblo empobrecido

al que no le bastan

palabras de amor.