La misoginia no le hace bien a los hombres: Sandra Pani

La misoginia no le hace bien a los hombres: Sandra Pani
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Este recién terminado 2019 fue un año prolífico para la artista Sandra Pani (Ciudad de México, 1964): presentó, en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, la exposición Árbol de huesos, donde aglomeró cerca de 100 piezas que concibió en los últimos 20 años, siendo así una de las pocas creadoras que tuvieron una retrospectiva ese año. También participó en proyecto plástico-aromático Epifanía de los sentidos, en la Galería L, y, para rematar, lanzó un libro homónimo editado por Turner, el cual es una revisión exhaustiva de su trayectoria, misma en la que el cuerpo y la feminidad han sido un tema primordial.

Al respecto, en entrevista con La Razón, lamentó que, tanto en el mundo artístico como en la sociedad, las mujeres siguen sin recibir un trato equitativo, que aún son relegadas a posiciones marginadas y que, cuando una logra consagrarse en algún ámbito, ese éxito se vincula a su relación con algún hombre, “mi ejemplo es que para muchos sigo siendo la nieta del arquitecto Mario Pani. Se debe crear conciencia, porque la misoginia no le hace bien a nadie, ni siquiera a los hombres”.

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¿Cómo es tu exploración de la feminidad? Esta cuestión siempre va a estar en mi obra, pues soy mujer, y porque mi experiencia de poseer un cuerpo, concepto que siempre trato de reflexionar, parte de mi vida. La forma en que plasmo ésto en la plástica es muy distinta a la forma en que lo haría un hombre, pues para mí no es un objeto externo en el que deposito deseo o erotismo, sino que es mucho más personal y profunda.

Mi última pieza, Beata viscera, que concebí para la muestra en San Ildefonso, es una especie de exvoto a lo femenino, una forma de honrarlo, y en una serie de 2002, que perteneció a una exposición que se llamó El cuarto tiempo, trabajé en “regresarle” los órganos al cuerpo de la mujer, en el sentido de que éste se ha objetivado muchísimo: abres la página tres del Ovaciones y hay una encuerada que parece de plástico; lo que abordé es que el organismo es bello por sus funciones.

¿Qué importancia tiene para ti reflexionar el ser mujer en una época como ésta, con tanta violencia de género? Es primordial porque, aunque estamos mejor que en el pasado, el mundo sigue sin ser parejo. Yo estoy tratando de luchar desde mi trinchera para encontrar mi lugar, el cual también implica el de una mujer joven. Si ves el número de creadoras que tienen exposiciones retrospectivas y la cantidad de obras que entran a subastas o que pertenecen a colecciones, es bajísimo. Por ello, siento una profunda empatía de género y cuando veo a una abogada, doctora o editora sé que llegar a donde está le costó muchísimo trabajo.

¿Crees que la misoginia que existe en el arte se puede combatir? Sí, para ello se debe crear conciencia, porque la misoginia no le hace bien a nadie, ni siquiera a los hombres. Las mujeres siempre hemos estado en un lugar marginado y en el que se nos ha permitido estar. Yo nunca he hecho obras vinculadas al arte feminista, pero terminan siéndolo, y creo que nosotras también debemos de tener empatía de género, pues hay muchas que se sienten celosas o amenazadas por otras que poseen un puesto de poder; en vez de eso, tenemos que ayudarnos entre nosotras a llegar a los lugares altos.

¿Crees que el arte sea una trinchera para el cambio? Las artes lo transforman todo y, antes que nada, a su autor. No sólo estoy tratando de encontrar mi lugar como mujer en el mundo y el arte, sino que también me hago planteamientos vinculados a lo sagrado y trascendental, como por qué estamos vivos y hacia a dónde vamos. Y en la medida en que todos nos lo preguntemos eso, podremos hacer un mejor lugar.

¿Qué proyectos tienes para este año? Sigue abierta la exposición Epifanía de los sentidos, en la Galería L, donde participamos puras mujeres; en ella trabajo la única percepción que no había explorado: el olfato, a través del aroma de copal, pues hago una colaboración con los perfumeros Xinú, que tienen un aroma que se llama Copála. Seguiré en el taller produciendo y la muestra de San Ildefonso se iba a ir al Museo Macay, de Mérida, pero por los recortes a la cultura se canceló la itinerancia.

¿Qué opinas de los recortes en el sector durante esta administración? Es increíble: en mi caso, nada más se tenía que pagar el transporte de la obra, porque todo era prestado, y si ni siquiera pudieron mover las piezas. No sé qué va a ocurrir en los estados y ni se diga qué sucederá con las muestras que sí le cuestan a los espacios. Es muy triste: en esta “reinvención” de la cultura se está sacrificando mucho; el arte es una herramienta fantástica para la cohesión social, conexión y transformación, pero si ni siquiera apoyan a los niños con cáncer, pues qué se puede esperar.

Sandra Pani. Árbol de huesos

Autor: Sandra Pani

Textos: Alberto Blanco y James Attlee

Editorial: Turner

Año: 2019