“Los Samsa, el reflejo de la clase media”

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En el comedor de una pequeña casa, cada mañana la familia Samsa se reunía a debatir lo difícil de su situación económica. Los padres renegaban, la hija soñaba con ser músico y estudiar en el conservatorio. El hijo mayor era el único que pensaba en trabajar para sacar adelante a su familia.

Él se llamaba Gregorio, un vendedor que viajaba de pueblo en pueblo para ofrecer sus productos, y así ayudar a sus padres. Es también aquel hombre de 23 años que Franz Kafka convirtió en insecto hace un siglo, en La metamorfosis.

“Kafka nos presenta la historia de una familia de clase media baja de República Checa; el más importante es Gregorio, un joven comerciante cansado de la situación en la que vive y que un día despierta convertido en insecto. Una obra que, pese a haberse creado hace cien años, sigue refiriéndose a cuestiones actuales, en que el individuo que no tiene dinero es desplazado. Los Samsa son el reflejo de la clase media”, comenta a La Razón el escritor mexicano Alberto Chimal.

Tras sufrir esa transformación, Gregorio abandona su trabajo y obliga a su padre, el Señor Samsa, y a su hermana, Grete, a encontrar un empleo para poder sobrevivir.

“La familia Samsa muestra una especie de insensibilidad a lo que le ocurre a Gregorio. Contrario a otras novelas, lo que menos preocupa es qué pasó y por qué sufrió esa transformación, sino el qué van a hacer ellos para seguirse manteniendo. Son formas triviales e inexplicables, pero esa es la mirada del pensamiento clasemediero, no es capaz de ver la raíz del problema. Los padres representan esta mentalidad pequeño burguesa que sólo piensa en lo más inmediato cuando inicia la crisis por la transformación, no les preocupa el bienestar de su hijo sino su bienestar económico”, indica Chimal.

Esa historia se convirtió en influencia para el realismo mágico y la literatura fantástica, que más adelante inspiraría a autores como Gabriel García Márquez y Julio Cortázar. Otros, aseguraban que la única novela corta de Kafka, y una de sus grandes obras, dejaba ver detalles de su vida personal, incluso aseguraban que se trataba de su autobiografía.

“Creo que es una crítica social y no hay que interpretarla como una autobiografía. Quizá Kafka, como muchas otras personas fue sometido a un trabajo burocrático y en cierta parte se sentía como Gregorio: sometido. Esos detalles de la vida de Kafka sí pueden estar pero están transformados y no hay que leerlo como un retrato de la vida del autor”, finaliza Chimal.