En defensa de la universidad

Ésta va por la UNAM

No entiendo las críticas ni las descalificaciones de las que la UNAM ha sido objeto; la Universidad no se resistió a la creación del Mural efímero

UNAM
La comunidad de la UNAM organizó un centro de acopio y brigadas para apoyar a los afectados de los sismos de 2017.UNAM
Por:
  • Linda Atach .

La vida tiene momentos trascendentes. A mí me gusta definirlos como “instantes de eternidad”, a pesar de la tensión que implica la asociación de lo efímero con la permanencia de la memoria. Aprovecho el espacio para confesarles que uno de estos intervalos de infinitud me alcanzó hace varios años, cuando, después de un exhaustivo curso propedéutico y al menos tres entrevistas, fui aceptada en el posgrado de la UNAM.

En aquellos años yo era una historiadora del arte en ciernes para la que no había nada igual que transitar por los pasillos de edificio de la Facultad de Filosofía y Letras y ser testigo de la apropiación de espacios, las pintas, los mítines y todo lo que constituye el pulso esencial de las universidades autónomas, fundamentadas en la democracia y en el autogobierno.

Como muchos, escribo por que no entiendo las críticas ni las descalificaciones de las que la UNAM ha sido objeto. Estas líneas se inspiran en mi gratitud, también en el enojo que comparto con alumnos, exalumnos, trabajadores, académicos y usuarios de la UNAM. Espero que sirvan de algo.

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La UNAM se encuentra entre las únicas cinco universidades en el mundo catalogadas como Patrimonio Mundial de la UNESCO. El galardón obedece a la naturaleza inclusiva del proyecto de Mario Pani y un equipo de arquitectos con discursos tan audaces como Félix Candela, o aún noveles, como el entonces jovencísimo Teodoro González de León. Fiel a la filosofía de la “Integración plástica”, pero también al encuentro de voluntades, el complejo pasó a la historia por fusionar la arquitectura con la escultura, el relieve y la pintura y convocar la participación de Diego Rivera, Juan O’Gorman y David Alfaro Siqueiros entre muchos otros.

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Apertura

A pesar de que sus edificios difundían y celebraban —lo hacen hasta hoy— la obra que décadas antes de la inauguración del complejo, había articulado el discurso visual de la revolución —el mismo que acabó por abrirle paso al PRI y estuvo representado por los artistas recién mencionados—, la Universidad no se resistió a la creación del Mural efímero sobre la lámina que ocultaba los restos de la efigie del presidente Miguel Alemán, dinamitada primero en 1960 por un grupo afiliado a los ferrocarrileros y después en 1966, por estudiantes no identificados. Además de exhibir dos nuevas obras cada día, y organizar la repartición de volantes para divulgar las consignas de la recién creada Asociación de intelectuales, dirigida por Juan Rulfo y Heberto Castillo, para 1968 el Mural efímero —con el que José Luis Cuevas retaba a un Siqueiros que insistía que “no había más ruta” que la suya—, se convirtió en el cuartel general del pensamiento, el sitio en donde podía tomarse el pulso de la izquierda organizada y de los estudiantes que llamaron la atención del secretario de Gobernación Luis Echeverría, entonces muy “dispuesto” a escucharlos, aunque que poco después los reprimió y violentó.

Mural efímero, de José Luis Cuevas.UNAM

Desafío

Diezmada tras el 2 de octubre y quizá más segura que nunca de su vocación y autonomía, la UNAM estuvo ahí para dotar de voz a la disidencia con filmes de abierta denuncia al Estado como El grito (1968), realizado por los universitarios y dirigido por Leobardo López Arretche. Vital y vigente, el testimonial fue producido por el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) y visibilizó, sin censura alguna, el sentir estudiantil desde el interior del Movimiento. En este tenor, la UNAM también estuvo ahí para apoyar las propuestas de Helen Escobedo, madre del arte conceptual en México y una de las primeras creadoras que habló del refugio interno forzado antes de que el fenómeno ocupara la atención del mundo. También se volcó en la creación de nuevos espacios, en especial el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) que, desde su fundación se ha dedicado a potenciar el debate que por sí mismo suscita el arte contemporáneo. De más de un centenar de polémicas exhibiciones, rescato La promesa, de 2012, consistente en una pieza realizada a base de arcilla que trazaba una estructura lineal de varios metros de longitud. En ella Teresa Margolles describía la violencia, la destrucción y el abandono de cientos de casas de interés social realizadas por empresas privadas y fatalmente inscritas en las múltiples historias de desplazamiento del interno forzado que, a partir de 2006, hizo de Juárez una ciudad fantasma, velada por muertos y valientes.

Fotograma de "El grito".UNAM

Valor

Cabe mencionar que antes de la exposición en el MUAC en 2009, Margolles había representado a México en la Bienal de Venecia con ¿De qué otra cosa podríamos hablar?, una obra realizada a partir de telas impregnadas de la sangre de las víctimas del narco, en una abierta alusión al estado de las cosas durante la batalla campal de Felipe Calderón con el crimen organizado. Para la UNAM, esto jamás supuso un impedimento sino un motivo más para exhibir la obra de Teresa Margolles. Había que cimbrar a los visitantes, había que informar, hablar desde el dolor.

¿De qué otra cosa podríamos hablar?, de Teresa Margolles.Especial

No habrá nunca el espacio suficiente para seguir enumerando las virtudes de la UNAM. No sé hasta donde pueda llegar este texto. Tampoco sé si llegue a tener alguna resonancia o consiga que unos cuantos se identifiquen con lo aquí escrito. Lo único que espero es que quienes lo revisen, hagan un recuento de lo que han recibido de la Universidad y lo divulguen. De eso dependen nuestros hijos, sus hijos y todos los que vengan después. Es nuestro deber.

AG

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