Verdad y literatura en la escritura periodística

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
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Carlos Olivares Baró

Ryszard Kazimierz Kapuscinki rechazaba la división entre un reportero y un escritor. “Cuando me preguntan qué es lo que yo escribo, yo les digo que escribo textos”, comentaba el mítico periodista polaco. ¿Invención que estructura verdades estéticas y reproducción que sólo informa? El autor de “Ébano” decía “Cuando me siento a escribir no pienso en que voy a escribir una novela o un reportaje o un ensayo. Yo sólo quiero escribir bien”. Perspicacia escritural a prueba de bala es lo primero que se advierte en los textos de Pablo Hiriart (Temuco, Chile, 1956). Sagacidad que nace de un discernimiento para descubrir en lo cotidiano las raíces de las evidencias que certifica el genuino reportero.

Algo se desvanece. Reportajes por medio mundo (Ediciones Cal y Arena, 2008) revalida los postulados de Kapuscinky: crónicas y reportajes que se leen en la frontera de lo literario y se enlazan en los bordes apremiantes del periodismo. Dividido en bloques temáticos como abanico de cinco espacios culturales: México con su violencia delictiva, Irak después de la invasión, China y su capitalismo con comunismo, la elección de Benedicto XVI, y la India como “una gigantesca jaula de pájaros escandalosos”.

Pero éste no es un libro común de reportajes y crónicas. Hay un corpus vivo en cada una de sus páginas, los parágrafos han brotado de una observación inteligente, de un olfato agudo, de unos ojos que ven más allá: el reportero entrometido que atisba rincones y sabe diferenciar los sabores del polvo acumulado. Corresponsal de cuerpo entero que ata cabos y llega a conclusiones certeras (“El salto chino hacia el progreso es algo más que espectacular y admirable. Es sobre todo, envidiable”).

Las breves crónicas de los secuestros en México pueden leerse como cuentos Hoffmannianos. La descripción de Shanghai, un retrato imaginativo y diligente de esa ciudad madre del comunismo chino y hoy una esplendorosa urbe capitalista. Las sutilezas de Ratzinger y el sosiego de los cardenales (“Al final de los 115 cardenales que iban dejando tras de sí un familiar olor a ropa recién planchada, entró Ratzinger con su estampa de papa medieval…”), irónica mirada a los resquicios del Vaticano.

Varios momentos de este cuaderno descubren a un periodista que escribe con insomne oficio y riguroso afán de legitimidad en los tajos de la ficción. Acápites como “El romanticismo nació en Alemania”, “Locura en Shanghai”, “¿Sabes una cosa? India es un país adictivo”, “La pesadilla de las hermanas Sodi” o “El Vaticano silencioso y en tinieblas” ratifican a un probado escritor en su tarea de relator de algunas certezas temibles, tristes y curiosas del mundo contemporáneo.

La mano del fuego

Alberto Ruy Sánchez

Otra vez el deseo como un árbol. Asombro y laberinto que alimenta los ardores. Alberto Ruy Sánchez ha estructurado una poética fincada en los enigmas de la codicia erótica. La saga conformada por “Los nombres del aire”, “En los labios del agua”, “Los jardines secretos de Mogador” y

“Nueve veces el asombro” se enriquece con esta novela que subraya las obsesiones de un autor expedicionario de los espacios amatorios con verdadera pasión invocadora. El erotismo como ilusión y el cuerpo dibujado por fantasmas que nos impulsan a un sonambulismo cómplice.

Aventuras, hilos que tejen una cruzada de pasmos en el tacto: las manos construyen los argumentos de los azares del deseo. Un alfarero concibe su labor como una forma de Kama Sutra; el editor de una revista erótica rechaza la existencia de “literatura erótica”. Novela intertextual de guiños y equívocos. Prosa que dialoga con la poesía. Derramado discurso de la avidez corporal.

Poemas de Espejos

Begoña Pulido Herráez (compiladora)

El espejo con su amalgama que todo lo duplica: mercurio vigilante en los resplandores de la noche. Narciso que se ahoga ensimismado en su hermosura: agua que se lo traga. El Hades, no olvidar, está en las profundidades, más allá del más allá recóndito. Los editores de “Poesía en el Andén” nos vienen sorprendiendo con estas breves antologías para leerse en la bulla de una ciudad antipoética y violenta como el DF. Esta vez nos regalan más de treinta poetas que han abordado el tema del espejo: Lezama Lima, Borges, Gorostiza, Rojas, Lizalde, Bonifaz Nuño, Chumacero, Eliseo Diego, Baudelaire, Vallejo, Pizarnik, Pacheco, Francisco Cervantes… Nómina selecta. Poemas que celebran el asomo vertiginoso y desconcertante a la ventana del azogue: “un triste viejo está mirándote/con qué terror desde tu cara” nos advierte Eliseo Diego. Colección para viajar por los andenes con placer edificante.

Un imprescindible

Sueños de sueños & Los tres últimos días de Fermando Pessoa

Antonio Tabucchi

Fascinante prosa. Tabucchi nos ha regalado textos de alucinada peregrinación. Fabulaciones biográficas en los quebrados episodios de lo onírico: obra y quimera, un mismo acontecimiento. El autor de Sostiene Pereira nos sumerge en laberintos caligrafiados por las manos de Freud, Dédalo, Ovidio, Debussy… Los heterónimos de Pessoa dialogan con su creador. Dolor. Evocación ennoblecida en los filos de la vigilia. Los cordeles de los sueños en hondura delirante.

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