La cinta Desastre de familia marca el debut cinematográfico de Ariel Miramontes, ampliamente reconocido por su personaje de Albertano, quien aquí apuesta por demostrar que su talento actoral rebasa etiquetas.
“Cuando me hablaron y me propusieron el guion, lo acepté de inmediato. Era el momento de salirme de mi zona de confort, dejar a Albertano a un lado y probar algo distinto. Me encantó la historia y no lo dudé”, afirma Ariel Miramontes a La Razón.
El filme, que juega con la idea del cambio de cuerpos entre padres e hijos, exigió un proceso creativo intenso. “Estuvimos un mes y medio en talleres para aprender a imitar al otro: cómo caminaba, cómo hablaba, cómo reaccionaba. Fue muy enriquecedor, además de que teníamos que ensayar coreografías, porque también incluye baile”, detalla.
Para Miramontes, el rodaje de la cinta que ya está en la cartelera mexicana representó un reto integral: “Estoy muy contento, es mi primer proyecto de cine”.
Compartir créditos con Itatí Cantoral, Diego Peniche y Karla Gaytán resultó una experiencia invaluable. “No había trabajado con Itatí, aunque ya la conocía. Me llevé una grata sorpresa”, resalta.
Además, el también escritor reconoce que asumir riesgos es parte esencial de su evolución artística. “Si no me reta, no lo hago. El público me ubica por Albertano y le tengo cariño, pero también quiero que vean al actor detrás del personaje. El cine me abrió esa posibilidad y pienso aprovecharla”, resalta.
El actor recuerda que no es la primera vez que explora otros registros. “Con Sugar me tocó protagonizar un musical, y gané el Premio Metro a Mejor Actor en Comedia Musical. Fue una gran sorpresa y un parteaguas para mí, porque comprobé que podía hacer papeles completamente distintos a Albertano”, señala.
No obstante, Miramontes reconoce que selecciona con cuidado los proyectos. “Si no me gustan, prefiero desistir. Cuando me ofrecen algo que me mueve de verdad, lo hago con toda la entrega”.
Mientras se estrena Desastre de familia, el actor concluye la exitosa temporada de Lagunilla, mi barrio, que permaneció tres años en cartelera. “Esa obra fue muy especial porque me dieron la oportunidad de adaptar la película original y transformarla en un musical. Elegimos canciones que conectaran con las nuevas generaciones y con las familias que hoy llenan el teatro. Esa decisión fue parte de su éxito”, dice.
Su agenda no se detiene: se integrará al Tenorio Cómico, una adaptación de los Mascabrothers, y prepara una nueva temporada de El príncipe del barrio para 2026. “Tengo mucho trabajo por delante, pero ahora quiero consolidar mi faceta en el cine”, afirma.
En cuanto a la comedia mexicana, considera que ha atravesado una transformación: “Antes se permitía mucho el albur y el doble sentido, pero ahora las reglas cambiaron. Mi humor no se ha visto afectado porque el de Albertano es muy blanco, pero sí noto que hay más restricciones”.