Los Esquizitos: 25 años

Foto: larazondemexico

Los Esquizitos eran el único grupo de garage que en los noventa tocaba surf y psychobilly en la escena de nuestro rock, tan dada por entonces al chaca-chaca patriotero. También Los Sicóticos, pero desaparecieron muy pronto dejando su mito y un EP en vinil. Los surferos del cuadrilátero, en cambio, cumplen veinticinco años y para celebrar tocarán como suelen hacerlo, a dos de tres caídas, y sacarán una edición en vinil de su primer disco, Los Esquizitos, con las clásicas atrabancadas “¡Pum-Pum!, ¡Bang-Bang!”, “Santo y Lunave” y “La Polka de Brian”.

Eran unos freaks reconocidos en el undergraso nacional, Nacho Desorden y Üili Damage operaban la seminal tienda de discos Supersound, de la que Pilar Ortega realizó el documental Just Like Heaven. Y conducían el programa Radio Bestia, donde programaban música subterránea. Formaron a los esquizofrénicos chiquitos para tocar eso, así fue como jalaron a Brisa Vázquez, la mamá del Tutti Frutti, del que Laura Loretta termina el documental El templo del underground. Brisa dejó de preparar las “Arañas Verdes” tras la barra del Tutti para tocar la batería con la misma ponzoña. El guitarrista resultó ser Alex el Tío Fernández, alumno psiquiátrico del tícher Disorder. Recuerdo sus primeras tocadas en el SUB, el Multiforo Alicia y el sótano de La Iguana Azul, donde armábamos reventones con ellos para publicar el fanzine Picahielo. Hubo una minigira por Europa, un exitoso caos, contaba la tur mánayer Acid Heidi. El mundo supo de ellos en 1998, cuando apareció el disco, un clásico de nuestro rock, antes de tocar en el primer festival Vive Latino.

"Formaron a los esquizofrénicos chiquitos para tocar eso, así fue como jalaron a Brisa Vázquez".

No sólo resucitaron una música que sonaba en la frontera en 1962, también empezaron a usar máscaras de El Santo —a la Straitjackets— para dar la cara. Surtieron un efecto dominó, tras ellos surgió una corriente de enmascarados, con camisas hawaianas y Fender Stratocasters agitadas por el trémolo, y grupos de garage como Las Ultrasónicas y Mustang 66. Pero Los Esquizitos fueron más allá en su discografía: Hágalo usted mismo, el estupendo Tú quieres ser como yo, y los EPs Esa noche y Por favor, calmantes, se nota que en su garage cabe de todo con humor del negro: punk, reggae, metal, tropical, rockabilly, country, psicodelia, shoegaze, noise y experimentaciones sonoras ambiciosas, como “El Efecto Bob Ross” de casi quince minutos. Usan instrumentos atípicos del rock, como el theremin, el kazoo, el acordeón y la motosierra. Y se refinan tributos y estupendos covers que desarman para construir nuevas versiones de Los Cramps, Ramones, Pixies, Roky Erickson, Los Twist y le quitan lo fresa a Elton John. Por supuesto, en vivo improvisan y arman el desmadre de un circo de fenómenos. Han sido veinticinco años de un amor retorcido por el rock fuzz. Adiós, tristeza, hola, botella de licor.