Nacahue es la historia de dos amantes que pertenecen a pueblos distintos. Sus lenguas son tan diferentes que aprenden a comunicarse a través de las acciones, la energía y las metáforas. Nacahue es también la historia de Romeo y Julieta llevada a un contexto indígena mexicano. La dramaturgia, idea original y dirección están a cargo de Juan Carrillo, quien es actor, director y docente, egresado de la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA y becario del FONCA en el área de Dirección. Es fundador de Los Colochos Teatro, una joven compañía teatral mexicana que ya cuenta con una trayectoria interesante. Como director, Carrillo ganó primer lugar en el IV Certamen Internacional de Teatro Clásico Almagro 2014, en España, con la obra Mendoza. Esa pieza tuvo largas y exitosas temporadas en diversos teatros tanto de la Ciudad de México como del interior del país, y es otra adaptación shakesperiana: en este caso, de Macbeth. Los Colochos ha participado en diversas temporadas y festivales de importancia internacional. En su repertorio se encuentran las obras El juego de la silla, espectáculo de títeres para niños, sobre la Revolución Mexicana; El enigma del Serengueti, farsa de humor negro sobre la desolación, y Mendoza, que suma ya más de 150 representaciones. Esta última fue premiada como la obra ganadora del Cuarto Certamen Internacional de Teatro Clásico Almagro Off, en España. Ha participado en el XXIX Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz, en el Heidelberger Stückemarkt, en Alemania, en el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá y en el Mayo Teatral en La Habana, Cuba.
Después del éxito que alcanzó con Mendoza, Carillo se arriesga con Nacahue, que cuenta la historia de Hortensia, una mujer huichol, y Ramón, un cora. Ambos deciden amarse pese a las diferencias de dialecto, idiosincrasia y cosmogonía. La obra se presenta en el Teatro Orientación a partir del 27 de junio.
¿Cómo surgió Nacahue?
La idea de montar esta obra surgió hace varios años. Después del estreno de Mendoza queríamos hacer una serie de versiones de obras shakesperianas y ahí nació la inquietud de trabajar Romeo y Julieta en un contexto indígena. Buscamos que el detonador fueran personajes que rechazan o renuncian, no a su familia sino a su cosmovisión, su religión, su fe, para apostarle al amor. Así nació el concepto inicial, después tomó forma para llegar a lo que hoy es. El detonador más significativo después de esa idea fue una serie de viajes a la sierra del Nayar, en donde conocimos a Ramón y a Hortensia. Estando con ellos consideramos que el proyecto podría cobrar otros rumbos y otras miradas, otras imágenes. La idea y la experiencia en la sierra con ellos y la comunidad huichol se complementaron.
¿Por qué llevar esta pieza al contexto indígena?
Primero, por una inquietud personal. Soy nayarita, crecí cerca de las comunidades indígenas. No fui parte de ellas pero las tuve presentes, no me era extraño su folclor y aunque lo conocía, siempre fue motivo de curiosidad para mí. Al adentrarme más en el mundo indígena, que es inacabable, encontré fascinante tomar ejemplos suyos para entender desde otro punto de vista, para comprender temáticas, retos actorales y de teatralidad. Las obras de Shakespeare, por su universalidad, tienen la fortuna de poder trasladarse a otros contextos. Intentamos que el nuestro sea un discurso genuino sobre una realidad que tenemos al lado, pero que con frecuencia no vemos. Además, nos significaba un reto, una exigencia.
"El no poder usar la palabra como código por ignorar una determinada lengua nos obliga a buscar otro tipo de trabajo actoral”.
¿Cómo son los personajes de Nacahue?
A diferencia de la obra original de Shakespeare, estos personajes, Ramón y Hortensia, son personas maduras. Hortensia sale huyendo de su comunidad porque su marido la violenta. Por un mero impulso se va al monte, sin saber adónde dirigirse. Un poco perdida y un poco huyendo da con una comunidad que no conoce y de la que le habían hablado mucho tiempo atrás, desde que era niña: los seres oscuros que habitan al otro lado del río. Entre la fascinación y el miedo se adentra y ve que hay personas distintas. Una de ellas es Ramón. Hortensia se da cuenta de que no ha visto antes esos ojos, esa forma de mirar, y apuesta por eso. Por lo diferente. Ramón hace lo propio. Son dos seres que pertenecen a idiosincrasias distintas, hablan lenguas diferentes y sin embargo intentan y deciden comunicarse desde otra perspectiva. Y no sólo eso: se enamoran y defienden su amor aún en contra de su propia gente.
Explorar las lenguas indígenas en el teatro no es común. ¿Por qué hacerlo ahora?
Esta obra se estrenó hace dos años en el Festival de Teatro Clásico de Almagro, en España. Unos años antes ya teníamos la idea de desarrollarla, porque nos interesaba hacer un trabajo donde el lenguaje fuera pretexto para experimentar con otro tipo de comunicación. El desconocimiento de la palabra, el hecho de no poder usarla como código lingüístico por ignorar una determinada lengua nos obliga a buscar otro tipo de trabajo actoral y de escena, de modo que el espectador siga una obra que no entiende con las palabras pero sí desde otro lugar. Ésa fue la premisa.
¿Cómo se preparó el montaje y qué vemos en escena?
El proyecto se preparó a partir de un modelo de investigación que hemos trabajado desde montajes anteriores y principalmente en Mendoza. La compañía tiene un repertorio de versiones shakesperianas y una metodología de trabajo de investigación. Una columna vertebral fue el modelo de Salas de Urgencia, que parte de la intervención escénica. Se trata de hacer ensayos con público, muchas veces en entornos no teatrales, es decir, trabajar con espectadores e intercambiar opiniones con ellos desde las primeras aproximaciones al proceso. El público aparece desde el principio. Lo que vemos en escena es una obra con un alto porcentaje en lengua naáyeri o cora. Tiene una estética limpia, que hace referencia a la artesanía huichola. También jugamos con el trazo minimalista y con una actuación que nace de la visceralidad y del trabajo del cuerpo y el gesto, puesto que en muchas ocasiones la palabra no se comprende. Quisimos apostar por un trabajo actoral que invitara al espectador a entender la historia a través de las sensaciones y no necesariamente por las frases dichas, no solamente por lo anecdótico.