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El circo llega al MUNAL

El circo llega al Munal
El circo llega al Munal Foto: Fuente > INBAL

PAYASOS, FUNAMBULISTAS y acróbatas han tomado por asalto el Museo Nacional de Arte. Más allá de la mera fascinación popular —como el título de la exposición sugiere—, lo que nos muestran sus salas es que el circo ha sido inspiración para pintores, curiosidad para fotógrafos y cliente para ilustradores, y, de esta manera, ha formado parte de nuestro imaginario, ya sea como sinónimo de diversión o metáfora de la condición humana.

“El circo es la representación más trágica para mí,” dijo alguna vez Marc Chagall, “A lo largo de los siglos, es el grito más agudo de la humanidad en su búsqueda por entretenimiento y alegría.” La exposición hace eco de las palabras del expresionista ruso, mostrando al circo lo mismo como trágica representación de la vida que feliz divertimento a través de la mirada de artistas mexicanos. A pesar de explicar su llegada al país, los espacios que ocupó, las prácticas sociales que acompañó, e incluso sus personas más representativas —destacando entre sus capítulos más luminosos a personajes entrañables como Ricardo Bell o señalando los más bien lamentables a través de la trágica historia de Julia Pastrana—, la curaduría por fortuna no se centra únicamente en la historia del circo en México, sino que profundiza en su relevancia como motivo recurrente en el arte, particularmente a partir de la plástica moderna.

RESULTA SORPRENDENTE ENCONTRAR que la crítica social y los ideales revolucionarios que informaron de manera contundente los lenguajes más vanguardistas del arte mexicano vieron al circo como vehículo para cuestionar los grandes temas de la humanidad. Vida y muerte se juegan en la cuerda floja cuando un paso en falso se perfila cual potente recordatorio de la fragilidad de la vida. En otro lienzo, aquellos marginados que fueron expuestos como atracción se nos presentan como símbolo de la desfavorecida clase obrera, tema central de nuestros más aguerridos pintores de la Escuela Mexicana, comunistas militantes y revolucionarios fervientes. Payasos, lo mismo trágicos que absurdos, nos sitúan frente a un espejo que pone en crisis el orden social que percibimos tan inamovible. No se trata entonces de un simple repaso monográfico, ni tampoco de una morbosa curiosidad por lo raro o una exaltación de lo maravilloso, sino de una indagación de las motivaciones que llevaron a creadores con poéticas y búsquedas plásticas diversas a recurrir a un mismo motivo: el circo.

La muestra se suma, además, a una serie de esfuerzos impulsados en los museos del INBA en años recientes por ofrecer al público renovadas miradas a sus colecciones desde temáticas cotidianas. Estas lecturas son un gran acierto, pues conectan con experiencias cercanas a la realidad del público, propiciando un diálogo que ofrece nuevas reflexiones para los espectadores más experimentados, que abren la puerta a la curiosidad de quienes se acercan por primera vez. El resultado es claro: salas llenas, sí de personas, pero también del bullicio de conversaciones, que es, en realidad, a lo que un museo debe aspirar.