La Canción #6

No Music, No Life

No Music, No Life Foto: Cortesía del autor

El 25 de febrero bajó la cortina el último Tower Records en América. 21 años de ser el punto de encuentro para los clavados de los vinilos, CDs y casets, en la plaza comercial El Triángulo de Puebla. Los formatos físicos ya no lograron pagar la renta, los salarios ni los impuestos. Será un Mix-Up, al parecer lo mismo, pero con otro nombre, otros precios y otra mística. Aquí lo que duele es la nostalgia por la marca Tower y el modelo de megatiendas en las que pasamos tardes enteras a la velocidad de la música. Lo extraño es que sucede en el boom de las disquerías que brotan en la nueva ola del vinilo.

Este Tower poblano era como un oasis de la región desde que abrió en 2005, además de música también encontrabas libros, revistas, cómics, audífonos y parafernalia. Y mantuvo la esencia del Tower original, fundado en California en 1941 por Clayton Solomon y su hijo Russ: la música es lo más importante que comparten los chavos, les da identidad y cohesión, por eso se reúnen en torno a ella. En cada Tower había un supermercado musical de barrio donde los chavos de la zona se encontraban. Desde 1961 la cadena de retail Tower Records Mart y la industria discográfica engordaron juntas comercializando la música con filosofía y mercadotecnia. Ese experimento empresarial de Russ Solomon y su socio Bud Martin vendió mil millones de dólares de mercancía en 1999. Pero siete años después quebró y desapareció por las deudas, las tienditas y el golpe de internet. Siempre abrían la tienda más grande del mundo, la galaxia, el universo. El que conocí en Nueva York era un edificio de cinco pisos, había elevadores y escaleras eléctricas, el de Sapporo era de ocho.

ACÁ TUVIMOS LA EXPERIENCIA Tower Records en la sucursal de Niza en la Zona Rosa en 1993, llegaron con la revista Pulse bajo el brazo y luego la publicaron en español. En 94 tuvimos el Tower más grande de Latinoamérica en Mundo Ñé. Estaba en mi órbita sateluca, pasé tardes infinitas ahí porque el tiempo transcurría a 33 RPM y viví la reducción gradual del espacio hasta sus últimos días en 2007 en que remataron todo. Entonces, un año antes de la debacle mundial, abrieron en Angelópolis. El camote power resistió todo lo que pudo: el streaming, la pandemia y el reguetón, pero los dueños dijeron hasta aquí. No son valientes melómanos que naufragaron, sino Grupo Carso, y quien dirige Mix-Up, iShop y Tower Records en teoría es Patricio Slim Domit.

El mercado es otro, ya no se lanzan discos completos, sino sencillos para plataformas y redes sociales. Un therian con un celular tiene millones de canciones a la mano, pero es una tribu que no se reúne alrededor de la música como antes. Lo que habrá en Mix-Up serán celulares, bocinas, alexas, audífonos y macs. Tower Records sólo vive en Japón, donde existen 75 tiendas. Eso dice mucho de su cultura y el mercado musical allá, siguen escuchando los formatos físicos. Los japoneses respetan la esencia de su negocio, fueron ellos los que en 1997 lanzaron la campaña nietzscheana No Music, No Life. Con razón allá nace el sol.

TE RECOMENDAMOS: